viernes, 17 de mayo de 2013

El kuros

              Los kuroi conservados y que durante bastante tiempo se consideraron Apolos, hasta el punto de que todavía se les conoce con ese nombre, deben su existencia a la costumbre griega de levantar estatuas en memoria de los atletas que vencen en los juegos. Su origen se remonta a las primitivas imágenes de madera que tenían un carácter votivo y que no han llegado hasta nosotros, en plural se les denomina xoana. Son ante todo el tipo escultórico que crearon los griegos para representar el ideal de belleza masculina. Obedecen a la ley de la frontalidad, y como las esculturas egipcias que les sirven de modelo, conservan durante mucho tiempo los brazos extendidos, rígidos y unidos al cuerpo, y los hombros elevados y muy horizontales. Su actitud más corriente es la de marcha avanzando la pierna izquierda.
            Según esta ley, el cuerpo queda dividido en dos mitades simétricas, pero libres en sus movimientos. Brazos y piernas pueden estar en distinto plano, pero sin quebrantar la simetría desde el frente. La plena desnudez de las estatuas facilita la aplicación de la ley, ya que con vestido hubiera sido muy difícil lograr una estricta simetría de los pliegues.
            En este período arcaico se mantiene el concepto de estatua-bloque, creado en Egipto. Sus facciones se ajustan con acierto a las medidas ciclópeas con que la figura nace: ojos prominentes, apenas hundidos en las cuencas; orejas de forma irreal, pero muy decorativa; el pelo es una masa compacta surcada por líneas geométricas muy superficiales que caen sobre la espalda y corona la frente con un corto flequillo de bucles acaracolados. En ocasiones la boca se representa con una línea recta, pero, con mayor frecuencia se dobla hacia arriba en una sonrisa, la llamada sonrisa arcaica.
            Aunque estos kuroi representan a personajes reales, pues son imágenes que se ofrecen por un favor recibido, es inútil buscar rasgos personales del sujeto, ya que este tipo de fabricación se efectuaba en serie, con arreglo a convencionalismos fijos. Suele constar en una inscripción el nombre del personaje que encarnan.
            Ejemplos de kuros: Cleobis y Biton, de hacia el año 600, del museo de Delfos, obra firmada por Polymedes de Argos. El llamado Apolo de Ptoi, del museo de Atenas, es de mediados del siglo VI. El Apolo de Tenea, es unos veinte años anterior. Ambos tienen los brazos caídos y unidos al cuerpo. El  Apolo de Piombino dobla ya sus brazos para entregar la ofrenda, si bien continúa apoyando ambos pies en tierra. A veces el kuros aparece representado con un carnero o becerro sobre los hombros -moscóforo-, es decir, probablemente en el momento de acudir al sacrificio.
            La evolución de estatuas de kuroi durante los siglos VII y VI se manifiesta en el conocimiento cada vez más perfecto de la anatomía, en el modelado cada vez más rico, en la expresión más natural del rostro y en la menor angulosidad en la interpretación del cabello. En cuanto a la forma de la cabellera, hasta mediados del siglo VI los rizos caen hacia adelante, encuadrando el rostro; después descienden sobre las espaldas, y terminan, por último, prendidos por una cinta en la nuca y formando trenzas que coronan el rostro.
     R.R.C.