martes, 21 de mayo de 2013

La batalla de las Termópilas

      Han pasado 2500 años y todavía conmueve a muchos el recuerdo de unos pocos que dieron la vida por su pueblo, su cultura; y sin saberlo, también por la nuestra.
     Corría el verano del año 480  a. de J.C. cuando 300 espartanos, al mando de Leónidas I, su Rey, se dirigieron al desfiladero de las Termópilas para hacer frente al mayor ejército del mundo compuesto por 200.000 hombres como mínimo, que secaban los ríos al pasar, (según alguna fuente) con su “Rey de Reyes” a la cabeza, hijo de Darío, que ya fracasó en su intento de conquistar La Hélade unos años antes. Tanto Jerjes, como alguno de sus generales, ardían de venganza contra los griegos por su rotundo fracaso en Maratón. El que le esperaba ahora no iba a ser menor que éste, gracias a dos hombres excepcionales que unieron sus fuerzas en estos decisivos momentos: Temístocles, arconte de Atenas y Leónidas rey de Esparta. Mientras el primero los derrotó en la batalla naval de Salamina, Leónidas los retuvo el tiempo suficiente en las Termópilas, lo que permitió la reorganización del ejército griego para poder derrotar a Jerjes y liberarse del yugo persa.
     La cultura occidental surgió en Grecia, la continuaron los romanos y la extendieron por todo el Mediterráneo, se volvió a retomar en Florencia, en la ciudad donde surgió el Renacimiento, que junto a la tradición judeo-cristiana que ya impregnó el Imperio romano, son la base del mundo occidental actual.
     En las Termópilas combatieron los trescientos espartiatas al mando de Leónidas. Las bajas que provocaron en el ejército persa fueron cuantiosísimas: más de 20.000. En algunos combates participaron bajo las órdenes del general espartano hoplitas (soldados) de otras polis griegas: 700 tespianos, que fallecieron todos, y unos 400 tebanos, que los que no perecieron se rindieron a los persas y fueron marcados como esclavos. Casi todos cayeron luchando, incluido  Leónidas. Los pocos que quedaron fueron reducidos por los arqueros persas.
     La traición no faltó en esta gesta heroica, Efialtes (que significa pesadilla) un pastor de la zona, informó al Rey persa de la existencia de una vereda por la que podían pasar las tropas y rodear a los defensores del paso, como así ocurrió. Las Termópilas se perdieron, pero ganaron la guerra, su misión ya la habían cumplido.
     La defensa del estrecho, y especialmente el comportamiento de Leónidas y los trescientos espartanos de su guardia personal, ha sido un hito en la historia de Occidente que, sin duda, hubiera sido de otra manera sin la determinación que mostraron estos pocos hombres en defender sus leyes, y al final las nuestras, como reza una pequeña lápida escrita por Simónides de Ceos. Para entender mejor esta actitud, basta recordar unas palabras de Tirteo, considerado el poeta nacional de Esparta, de cómo un espartano debía afrontar el combate: “No habrá respeto ni consideración en la guerra para el hombre que no es capaz de soportar la sangre y la muerte, pues batirse cara a cara es la excelencia, el mayor trofeo para los jóvenes y aguerridos”.
     El cine ha llevado esta gesta a las pantallas.  En 1962,  “Los Trescientos Espartanos” narra los hechos acaecidos entonces con cierto rigor  histórico (aunque el desfiladero no aparece por ningún lado). En el 2007 aparece otro filme  “300” con un estilo y una puesta en escena totalmente distinto al anterior, con imágenes que cabrían perfectamente en películas como  “La Guerra de las Galaxias”, o  “El Señor de Los Anillos”. Al igual que en la primera,  se rinde un merecido homenaje a los héroes espartanos, al margen de otras consideraciones, que sin duda se podrían hacer y en las que no entraré.
     Fue una suerte para las polis griegas y para la cultura occidental en general, que en esos momentos tan delicados coincidieran el hábil Temístocles en Atenas y el valiente Leónidas en Esparta, pues la conjunción de ambas virtudes se hicieron necesarias para el triunfo de la razón sobre la barbarie.
     La fuente histórica más importante que informa sobre el acontecimiento es el Libro VII de Historia de Herodoto del siglo V a. de J.C., al que podríamos añadir el Libro IX de la Biblioteca histórica de Diodoro de Sicilia del s. I a. de J.C. Por último, Paul  Cartledge, profesor de Historia Griega de la Universidad de Cambridge, ante el éxito de la película de Zack  Zinder  de 2007 ya mencionada, publicó un ameno e interesante libro llamado “Termópilas. La Batalla que cambió el Mundo”.
Nota: famoso lienzo de “Leónidas en las Termópilas” del pintor neoclásico francés J.L. David, expuesto en el Museo del Louvre de París.
       R.R.C.