Hoy, 2 de octubre de 2026, escribo el siguiente texto:
En las fiestas de mi “pueblo” de 80 000 habitantes, un joven
acuñaba monedas o medallas a martillazos como hacían los antiguos griegos o los
romanos hace 2000 años, o ¿debería de decir a mazazos? Le pedí permiso para que
mi mujer lo grabara con el móvil y publicarlo en Internet. Me estampó una
medalla de latón con el Señor (anverso) y la Virgen (reverso), tan solo por
tres euros, más dos de aumento por un cordón para colgarla. Por su reacción, él
desconocía que ambos pueblos mencionados lo hacían así y, a partir de ese
momento informaba a sus posibles clientes que si querían monedas impresas como
hacía miles de años. Como reclamo, creo que le vino bien.