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jueves, 16 de abril de 2026

30 MONEDAS

 

     Según se puede leer en la Biblia de Jerusalén en su versión española (que es la que yo consulto), en el Éxodo, cap. 21,29-31 Más si el buey acorneaba ya desde tiempo atrás, y su dueño, aun advertido, no le vigiló, y ese buey mata a un hombre o a una mujer… también su dueño morirá... Si el buey acornea a un siervo o a una sierva, se pagarán treinta siclos de plata al dueño de ellos… Siguiendo en el Antiguo Testamento, en uno de sus últimos libros que corresponde al profeta Zacarías,* que podemos situar a finales del siglo VI a. C. En el cap. 11,12 de su libro leemos: Yo les dije: Si os parece bien, dadme mi jornal; si no, dejadlo. Ellos pesaron mi jornal: treinta siclos de plata. Lo cual se podría considerar una ofensa por valorar con tan poco dinero a un pastor de Yahveh. El propio Dios le dijo a Zacarías (con cierta sorna, esto lo añado yo), que echara al tesoro del Templo de Jerusalén, la miseria con la que habían valorado su actividad de guía de los prefectos de Dios en la tierra. Cosa que hizo.

     Todo esto viene a colofón de la cantidad económica que se pagó por Jesucristo, y, que tan solo el evangelio de Mateo, nos da la cifra exacta de treinta piezas de plata, mientras los otros sinópticos no nos dicen nada de la cantidad y solo nos hablan de dinero. Luego, estamos ante algo que ya estaba profetizado en el Antiguo Testamento, concretamente, en el libro de Zacarías, y en Jesús se cumple el vaticinio. Aunque esta cuestión, para algunos, es un arma de doble filo, pues si san Mateo menciona la cantidad de treinta, no es porque fuesen treinta monedas, si no para hacer coincidir la cantidad con la profecía, que, por cierto, el atribuyó al profeta Jeremías. Mientras que en el mundo cristiano se ve en  este asunto una prueba más de que Cristo era el Mesías. Ya que, el traidor, antes de ahorcarse también echó al templo las treinta monedas de plata como hizo el profeta (con muy menor que se le considere a Zacarías). El hecho de que Judas venda a su maestro por esta pequeña cantidad, hace más humillante aún, si cabe, este acontecimiento, es decir, si nos vamos al Éxodo, a Cristo se le dio el valor de un esclavo, y todos sabemos el poco coste que tenían.

     Otro asunto que habría que aclarar es como la Biblia habla de Siclos, es decir, de una moneda que faltaba varios siglos para que existiera. Supongo, que eso se debe a la traducción, que más que aclarar al lector medio, lo confunde. Luego sería un problema achacable al traductor y no al escrito original que no podía conocer la existencia de estas monedas. Para empezar, las primeras monedas como tal, aparecen en Lidia a mediados del siglo VII a. C. y la época de la que trata el Éxodo es muy anterior. Ahora bien, los siclos como unidades de peso de entre 10 y 16 g son muy antiguos, mucho más que el Éxodo, que, evidentemente, es a lo que se refería este libro y no a monedas. Además, shekel (siclo en hebreo) también es una cantidad de peso, que con el paso de los siglos se convirtieron en monedas acuñadas, que muchas de ellas se han conservado hasta nuestros días.

* Uno de los doce profetas menores del Antiguo Testamento, con un libro que contiene 14 capítulos, aunque aquí, lo que más nos interesa son unas palabras proféticas que afectan directamente a Jesucristo, y en concreto a las expuestas en el capítulo 11.

NOTA: El beso de Judas de Giotto ilustra esta entrada

        R.R.C.



domingo, 29 de junio de 2025

CÓMO LEER LA BIBLIA (EL PENTATEUCO)

 

     En esta entrada solo pretendo dar una simple pincelada sobre algunas cuestiones que puedan servir de ayuda a un lector de hoy que se enfrente a leer la Biblia, y más concretamente, lo que denominamos el Pentateuco, que como su propio nombre nos indica lo componen los primeros cinco libros: Génesis, Éxodo, Levítico, Deuteronomio y Números, de ese conjunto de textos que integran el libro de libros que denominamos Biblia. Por lo tanto, dejo fuera de estas líneas la Biblia hebrea o Tanaj, que es un conjunto de veinticuatro ejemplares canónicos para el judaísmo; otras obras del Antiguo Testamento católico, que contiene siete libros más no incluidos en el anterior; y, por supuesto, el Nuevo Testamento íntegro, el más importante para los cristianos, de hecho, lo podemos encontrar en las bibliotecas y librerías por separado.

     Para empezar, no se conoce ningún autor concreto con seguridad de ningún libro de la Biblia en general, y más exacto del Antiguo Testamento en particular, aunque se le atribuya a autores determinados, y los mismos especialistas se refieren a ellos por comodidad. Por ejemplo, el libro del profeta Daniel, no lo escribió Daniel, y Dios sabe quién (permítaseme la expresión). Volviendo al Pentateuco, ya se cuestionaba su unidad y autoría desde hace muchos siglos, es decir, se discutía que hubiese sido Moisés al que, según la tradición, se le asignaba. Había cosas que no cuadraban ya desde antiguo. Según los especialistas actuales el Pentateuco, que hoy conocemos, es el fruto final de una complicada sucesión literaria, tanto escrita como oral, que se afianzó en tiempos del exilio de Babilonia, cuando el rey Nabucodonosor II llevó forzado a su país al pueblo judío en el siglo VI a. C. del 586-539,  y del período post-exilio. El Pentateuco, tal y como lo conocemos hoy, surge como respuesta a la crisis y secuelas que había producido esta situación en el pueblo hebreo. Gran parte del Antiguo Testamento se puede explicar de forma parecida. El filósofo del siglo XVII Spinoza concluye: “De todo esto se hace más diáfano que el sol de mediodía que el Pentateuco no fue escrito por Moisés, sino por alguien distinto que vivió muchas generaciones después de Moisés”. Según él, el sacerdote post- exilio babilónico Esdras fue el autor del Pentateuco. Aunque ya lo había advertido San Jerónimo unos 1300 años antes. Ibn Ezra, destacado intelectual hebreo del siglo XII, nacido en la taifa de Zaragoza, ya observó problemas para mantener la atribución del Pentateuco a una sola persona.

     Hacia el año 1000 a. C. en tiempos de  los reyes David y Salomón, en la época que empezaba a surgir una nación, sería un momento propicio para buscar y definir su propia historia, y a ella nos podemos remontar para esbozar, o empezar a escribir la Biblia, y así, parte de lo que el Pentateuco decía tendría sentido. No obstante, exégetas más modernos pensaban que en tiempos de la monarquía tan solo se podría plantear algo, por tanto, había que esperar hasta el siglo VI a. C. para tener el Pentateuco como lo podemos ver hoy. Basándome en el libro ¿Quién escribió la Biblia? de R.E. Friedman, y dejando el Deuteronomio aparte, considera que los autores de los demás libros que integran el Pentateuco, los llama fuentes: J. (de Judá) E (de Israel), P (Sacerdotal), R (de Redactor) y el Deuteronomio: DTR-1, DTR-2, OTROS, E y P. Luego hablamos de fuentes en general y no de una persona en particular. Luego las partes más antiguas de la Biblia estaban muy alejadas de la supuesta fecha de Moisés, unos 1000 años como el documento J, por ejemplo. Siguiendo a W. Brueggemann (experto en tradición profética hebrea), el Antiguo Testamento es producto y la respuesta del exilio babilónico, más concretamente de la época del segundo Templo, o sea, de la fase post- exilio. Vendría a ser la autodefinición de Israel como nación y del pueblo elegido por Dios, en respuesta a la cautividad de Babilonia: “Esto es lo que somos y este es el Dios a quien adoramos”. Es más, el Antiguo Testamento no es un libro de historia o pretende tener un interés científico. Es un libro de autodefinición de un pueblo, poseedor de una religión y cultura concreta: el pueblo elegido por Dios.

     En definitiva, los actuales lectores de la Biblia, si pretenden conocer su verdadero sentido con el que fue escrita, no deberían verla como un conocimiento científico actual, tendrían que interpretarla como hacían los propios israelitas del período post-exilio. Como diría Peter Enns (Doctor en Filosofía por la Universidad de Harvard), reducir el Génesis a libro de interés científico no es solo científicamente torpe, sino que falla al no aceptar su trayectoria teológica tal y como aparece en la Biblia cristiana.

     No me gustaría acabar este artículo sin recordar algunos datos. La Biblia ha sido, y sigue siendo, el libro más leído, estudiado, publicado, traducido, comentado, discutido, vendido e influyente de toda la historia, a mucha distancia del segundo más investigado, que en mis lejanos tiempos de estudiante era la Ilíada de Homero. Ha sido sometida a los métodos de trabajo más modernos y actuales de los historiadores y exégetas, a la crítica textual y crítica histórica más exigentes.

 NOTA: En este mismo blog con fecha 11-4-2013, hay una entrada llamada PENTATEUCO, que aclara y completa la presente. Puede utilizar el buscador que aparece en la parte derecha. 

      R.R.C.

lunes, 9 de junio de 2025

Y, ¿SI ABRAHAM SÍ MATÓ A ISAAC?

 

     Aquí no encontramos obra de arte que valga que responda a esta pregunta, además de ser una contradicción con lo expuesto hasta ahora en otra entrada de este blog, publicada el 13 de febrero anterior con el nombre: EL SACRIFICIO DE ISAAC. Pero no me gustaría dejar pasar la oportunidad de otras hipótesis expuestas, eso sí, por unos pocos, me refiero a aquellos que consideran que en realidad en el primitivo relato bíblico, en la narración de la fuente E se refiere a Dios llamándole Elohim. De golpe y en el momento en que Abraham tenía alzado su brazo con el cuchillo para el sacrificio, un ángel de Dios le conmina a que no hiera a su retoño, y el sacrificio lo lleve a cabo con un cordero que la divinidad le había ofrecido para el holocausto, pero en esta ocasión a Dios se le llama Yahvé, como se refiere a Él la fuente J.

     Muchos centenares de años después de esta narración, hacia el siglo VII a. C., se trataron de unificar las dos fuentes: la E de Israel y la J del reino de Judá. Ya en esta época no se vería con buenos ojos un sacrificio humano para dedicarlo a Dios, era preferible algún animal, como un cordero, por ejemplo. Los encargados de llevar a cabo la unificación en un solo texto que podríamos llamar R de redactor, prefirió seguir aquí la fuente J, más blanda que la E, y más acorde con los nuevos tiempos.

     Los argumentos que dan verosimilitud al párrafo anterior, además de contar con el cambio de nombre de la divinidad, señalan, que después de realizado el sacrificio no se dice nada de Isaac, pues Abraham desciende solo de la montaña y se reúne con los dos criados que dejó en su base esperándolo, y los tres se marchan del lugar, y lo hicieron juntos camino a Bersebá, donde Abraham se quedó, y ni una palabra de Isaac*. Así que, siguiendo a los partidarios de esta conjetura, los versículos que salvan al hijo fueron añadidos con posterioridad.

     Un papiro egipcio escrito en lengua copta, que todavía sigue siendo el idioma de la Iglesia ortodoxa egipcia actual, fue hallado en el Bajo Egipto, en la pirámide de Sesostris I, y que ahora pertenece al Museo Metropolitano de Nueva York (MET), Michael Zellmann-Rohrer, investigador de la Universidad de Oxford, y traductor del texto, admite la probabilidad de que Abraham llevase a cabo la inmolación de su hijo. No obstante, el profesor de esta prestigiosa universidad no logró identificar al autor de este documento en cuestión. R. E. Friedman, especialista bíblico, también informa que ha habido y hay partidarios del final trágico de esta historia.

     Por último, recordar que en la religión musulmana, el vástago que Abraham fue sacrificar (aunque no lo hizo) era Ismael, al fin y al cabo, era su hijo primogénito que había tenido con su insolente esclava egipcia Agar, con la autorización de su mujer que no podía darle un heredero. Ismael se dirigió hacia el este y fue el antepasado del pueblo árabe. Aunque el Corán no lo dice explícitamente, así lo creen los eruditos en el tema.

*Quién disponga de una Biblia de Jerusalén a mano (la que yo utilizo), puede comprobar que en el cap. 22 vers. 1,3, 8 y 9, llama Dios a Elohim, y Yahvé al que le para la mano.

NOTA: La imagen que acompaña al texto es la de Agar con su hijo Ismael, ante la carencia en el arte del sacrificio de Isaac llevado a cabo. Lo cual, nos indica que la opción muy mayoritaria es que el sacrificio de Isaac, no se consumó por la intervención divina. Por otra parte, en el blog hay una entrada llamada: "EL PENTATEUCO" publicada el 11 de abril de 2013, que ayuda a entender este post, y a ella me remito.

NOTA II: Evidentemente, esta teoría deja sin respuesta a todas las narraciones que nos presenta el Génesis, sobre tan importante personaje, Isaac, posteriores al hecho de su sacrificio por su progenitor, además de estar considerado uno de los patriarcas del pueblo de Israel. Y que, en cierta manera, prefigura para el mundo cristiano la futura ofrenda de Jesús para la redención de los pecados de la humanidad. 

     R.R.C.    

jueves, 13 de febrero de 2025

EL SACRIFICIO DE ISAAC

 

     Basándome exclusivamente en las informaciones que nos transmite el texto bíblico, y en las costumbres de otros pueblos semitas de la antigüedad, seguiré esta narración en el Génesis tal y como nos la presenta le Biblia de Jerusalén. También hay que anunciar que ha sido uno de los temas preferidos de pintores y artistas en general desde hace varios siglos. Por recordar un hecho concreto que ocurrió en el Renacimiento, en la ciudad italiana de Florencia, sacaron a concurso este tema para encomendar los relieves de su baptisterio; al final, tuvieron que escoger entre el trabajo llevado a cabo por Brunelleschi y Ghiberti, imponiéndose este último. Aquí en España, por ejemplo, destaca la escultura policromada de madera de 1526 de Alonso Berruguete, la que vemos al principio de este post. Pero no es de arte de lo que vamos a tratar aquí, sino de la interpretación que se podría hacer de este asunto.

     Para empezar, hay que tener presente que el nacimiento de Isaac fue un regalo de Dios, como no podría ser de otra manera, teniendo en cuenta que Abraham había cumplido los 100 años y su esposa Sara 90, lógicamente, ya hacía muchos años que no estaba en condición de procrear. Pero para Dios no hay nada imposible. Anteriormente, Abraham ya había tenido otro hijo; Ismael, con una esclava egipcia de su mujer llamada Agar. No obstante, sabiendo que ella era la única que le había dado descendencia al patriarca, se volvió soberbia y orgullosa ante Sara, hasta el punto que tuvo que pedirle a su marido que la echara de allí por sus impertinencias. En efecto la expulsó al desierto a Agar con su hijo Ismael. Eso sí, dios se comprometió cuidar tanto de la madre como de su hijo Ismael, del que los Ismaelitas se consideraron descendientes.

     Una costumbre bárbara, por decir algo, que tenían los pueblos semitas vecinos era la de sacrificar al hijo primogénito a sus dioses, pues sus mujeres pasaban antes de casarse por los templos y, en consecuencia, por la cama de los sacerdotes como representantes del dios en la tierra. Visto así, es natural que los dioses exigieran al primogénito de la familia en sacrificio al que consideraban suyo, y de esta manera se iba renovando su sangre y la naturaleza en general. Luego, en este contexto, sería sensato que el Dios de Abraham  exigiese lo mismo a su siervo, se limitó a pedirle que le devolviese su preciado regalo sin explicación alguna. Le dijo que tomase a su hijo y lo llevase al país de Moria, al que tardaría tres días en llegar y por el camino ya le iría dando instrucciones. Mientras ascendían al altar del sacrificio (situado en la colina en donde más tarde se levantaría el Templo de Jerusalén), Isaac preguntaba a su padre que donde estaba el cordero para el holocausto; él le contestaba: “Que Dios proveerá”. Situado para el sacrificio, el Ángel de Yahveh dijo a Abraham que no hiciese daño alguno al muchacho, y le envió un carnero para realizar la inmolación.  Es evidente que en el fondo existe una íntima relación  entre este relato y la pasión de Jesús: “El cordero de Dios que quita -con su sacrificio- los pecados del mundo”. Recordemos las palabras de San Agustín cuando nos decía: que, el Nuevo Testamento está escondido en el Antiguo, mientras que el Antiguo se hace manifiesto en el Nuevo.

     Además de no consumarse, en esta narración hay una diferencia fundamental respecto a la ofrenda del primogénito de los otros pueblos semitas. Abraham lo hizo por su fe en Yahveh, fue un acto de FE*, el primero del que tenemos registro en la historia, si bien, la Biblia también nos añade de que lo llevó a cabo por su temor a Dios. Aunque el Génesis refiere estos acontecimientos hacia la primera mitad del segundo milenio a.C., la verdad es, que no se pusieron por escrito hasta el siglo VII o VI a. C. Asimismo, en los primeros versículos el cap. 20 del Éxodo no niegan la existencia de otros dioses, se le impone al pueblo elegido que no adoptará ni se postrará a otras divinidades que no sea Yahveh. Y, más adelante en el versículo 14 del cap. 34, incide en el que no se postrarán ante ningún otro dios que no sea Yahveh. El monoteísmo riguroso no lo abraza el pueblo judío hasta, por lo menos, el siglo VII a. de C.  Por si alguien piensa que los egipcios fueron pioneros en este tema, baste recordar que el célebre faraón Akenatón no era un monoteísta, es decir, no creía en un solo dios universal y verdadero y rechazaba a todos los demás como falsos. La egiptología actual tiende a considerar su reforma religiosa como henoteísmo, o sea, solo se le puede dar culto a un único dios, en este caso a Atón, pero no se rechaza de plano la existencia de los demás. También hay que tener presente que el culto a Atón era exclusivo de él, su mujer, y como máximo de la familia real, ya que el pueblo solo le podía rendir adoración a través del faraón.

     Para concluir y como historieta, no quiero elevarlo más allá de la categoría de anécdota, y aunque en realidad es una cabra de 42 cm de alto (cuernos de lapislázuli incluidos). Con una antigüedad aproximada de 4500 años, se halló en la ciudad sumeria de Ur, de donde era Abraham; su descubridor, el arqueólogo inglés Leonard Woolley, la relacionó con el carnero que sacrificó el patriarca en lugar de su hijo Isaac. Exhibido en una vitrina del Museo Británico, sus patas las apoya en el “árbol de la vida” adornado con láminas de oro y relacionado con la fertilidad.

*Como afirma Mircea Eliade, filósofo e historiador de las religiones en su libro: El mito del eterno retorno.

       R.R.C.

jueves, 9 de febrero de 2023

El sello del gobernador de Jerusalén


     Un equipo arqueológico israelí ha descubierto en Jerusalén un sello elíptico de cerámica de pequeño tamaño, pues presenta unas medidas de 15X13 mm y un grosor variable entre 2 y 3 mm Tiene una antigüedad de 2700 años, cuando todavía existía el Primer Templo de Jerusalén. En la parte superior del objeto podemos observar dos personajes que se miran de frente con sus manos extendidas. En la parte inferior encontramos lo más relevante, ya que aparece una inscripción en hebreo antiguo que dice: “Perteneciente al gobernador de la ciudad”. Hasta ahora, la única fuente que teníamos que recogiera la existencia de este cargo era la Biblia, cuando menciona que la ciudad de Jerusalén tuvo dos gobernadores en estos lejanos tiempos. Por lo tanto, nos encontramos con la primera constatación arqueológica de un cargo cuya existencia solo conocíamos por el texto sagrado. Así que, la importancia del descubrimiento es evidente, ya que viene a corroborar algo que solo sabíamos de su existencia por una sola fuente escrita.

     R.R.C. 

PINTURAS DE LA TUMBA DE NEBAMUN

 

     En una de las salas del Museo Británico de Londres, nos encontramos con una exposición de pinturas egipcias de entre el 1400 y el 1350 a. C. que se corresponderían con la XVIII dinastía. Pertenecen a una tumba-capilla ubicada en la necrópolis para nobles de la ciudad de Tebas, propiedad de un funcionario de medio rango llamado Nebamun, y cuyo autor artístico desconocemos. Como también tenía función de capilla los allegados de la pareja podían celebrar ceremonias en su recuerdo. De todas las pinturas que son de una gran calidad artística, destacaría el fragmento de una escena en la que advertimos cuatro músicas que aparecen sentadas y dos bailarinas casi desnudas para animar el banquete, de la que ya se supone pareja funeraria de Nebamun y su esposa.

     Destaco esta secuencia por mostrar dos de las cuatro instrumentistas de frente y no de perfil como usualmente se hace en la pintura egipcia. Nos encontramos pues ante un hecho excepcional. Sobre ellas aparece en escritura jeroglífica la letra de la canción que interpretan en consideración del difunto. Es una obra mural con un predominio evidente de la silueta que se rellena de colores planos e intensos, pero no se consigue la tridimensionalidad de las figuras (para eso habrá que esperar todavía bastantes años). Sin embargo, los personajes si presentan un cierto movimiento. Por último, la escena exhibe los convencionalismos típicos de la pintura egipcia: ley de la frontalidad, hieratismo, falta de perspectiva, carencia de rasgos particulares…, que se mantuvieron durante toda la cultura del Antiguo Egipto.

NOTA: Las músicas portan sobre sus cabezas unos conos huecos hechos, probablemente, de cera de abeja. Se barajan hipótesis de que contenían cera perfumada que se derretía para liberar aroma, a la vez que purificaría al usuario. No obstante, hay discusión sobre estos objetos.

        R.R.C.


jueves, 9 de enero de 2020

El Arca de la Alianza e Indiana Jones


     El hecho en el que se fundamenta la película “En busca del arca perdida”, al menos en parte, es histórico, ya que se muestra documentado no solamente en la Biblia, sino que además se representa grabado en uno de los muros del templo de Amón en la antigua Karnak, aunque la ciudad concreta de Jerusalén no aparece mencionada en dicho grabado. La gesta en cuestión consiste en el saqueo que un faraón llevó a cabo en Jerusalén, sustrayendo de su Templo el Arca de la Alianza para trasladarla a Tanis, capital de Egipto en este momento, y enterrarla en esta ciudad próxima a su tumba. El nombre de este soberano es Sheshonq I, citado en la Biblia como Sisac.    
     En el cap. 12 del Libro de Crónicas II del Antiguo Testamento, se expone como un castigo divino al rey de Israel Roboam, por abandonar la Ley de Yahveh junto con todo su pueblo, que en el quinto año de su reinado allá por el 925 antes de J.C., que el faraón Sisac en una campaña contra la capital de su reino se apoderó de los tesoros del Templo de Jerusalén. Sheshonq I es el primer faraón de la XXII dinastía y gobernó entre el 945 y el 924 a. de J.C., o sea, durante 21 años, por lo tanto, fue en el año 20 de su reinado cuando llevó a cabo la expedición contra el pueblo elegido, que para algunos historiadores se correspondería con el quinto año de reinado de Jeroboam, hijo y heredero del gran rey Salomón. Luego, en el 925 antes de nuestra era tuvo lugar el saqueo de Jerusalén por parte de las tropas del soberano egipcio. Por orden suya esta campaña en la que llega a conquistar 150 localidades hebreas fue grabada, como ya indiqué más arriba, en los muros del templo dedicado al dios Amón en la ciudad de Karnak. Así pues, tenemos constatación de un hecho narrado en el Antiguo Testamento por una fuente ajena al mismo, validando este suceso como un evento histórico.    
     En cuanto al Arca de la Alianza, no se dice nada en ninguna de las fuentes. Si los egipcios se la hubiesen arrebatado al pueblo judío, ya que se custodiaba en el Templo de Jerusalén en estos momentos, según nos informan los escritos bíblicos, y, siendo además su objeto de culto más sagrado la hubiesen mencionado en primer lugar, y no ocurre así. Por otra parte, después de realizar diversas expediciones arqueológicas en Tanis, no se ha encontrado. Especialmente las llevadas a cabo por el egiptólogo francés Pierre Montet, que halló varias tumbas reales. Yo no podría decir si, entre sus ideas, tenía cabida la ilusión de localizar el Arca perdida en alguna de estas tumbas, pero son muchos los que afirman que ese era su verdadero objetivo. 
     Ahora bien, ¿aporta algo más la Biblia sobre su posible destino? La última vez que se le menciona es en Crónicas II, cuando el rey Josías de Judá exige a los levitas que devuelvan el Arca al Templo de Jersusalén, pero no informa si estos lo hicieron o no, ni tampoco sabemos por qué la sacaron del lugar donde Salomón la había ubicado. Si fue así, las tropas del faraón egipcio no se la llevaron, puesto que Josías gobernó Judá durante la segunda mitad del siglo VII a. de C.
     La propia Biblia nos ofrece otras versiones, a veces distintas, de qué ocurrió con el Arca. La más verosímil y contemporánea con los acontecimientos la podemos leer en el libro de Reyes II. Aquí se afirma que cuando el rey de Babilonia Nabucodonosor II invade Jerusalén se llevó los tesoros del Templo de Yavhé, y rompió en pedazos los objetos de oro de tiempos de Salomón, entre los que, evidentemente, se encontraría el Arca tan ansiada por arqueólogos e historiadores. La toma de la ciudad tuvo lugar hacia el 587 a. de C. como resultado final de 10 años de guerra.
     Tampoco podemos descartar la posibilidad de que el Arca fuera escondida en un lugar seguro ante la amenaza de los babilonios; igual que pudiera ocurrir algo similar anteriormente, cuando las tropas del faraón egipcio supusieron una amenaza real para su objeto más sagrado. Por ejemplo, la Biblia nos ofrece la versión de que el profeta Jeremías (que presenció el asedio de Jerusalén por las tropas de Nabucodonosor), la escondió en una gruta del monte Nebo, pero es una tradición sin confirmar. El propio Jeremías dijo que nos olvidáramos de ella.
     Solo me queda recordar que la primera mención del Arca de la Alianza aparece en el libro de El Éxodo, en donde el propio Yavhé da instrucciones precisas sobre su construcción a Moisés, para guardar en ella los Diez Mandamientos que le entregó.
     Por último, para todos aquellos que afirman que el Arca de la Alianza nunca existió, sobra todo lo anterior.
      R.R.C. 

sábado, 17 de agosto de 2019

¿Por qué representan con cuernos a Moisés?


     Posiblemente ha sido la estatua que Miguel Ángel realizó de Moisés para la tumba del papa Julio II en el siglo XVI, y que hoy podemos contemplar en la iglesia de San Pietro in Vincoli de Roma, a menos de medio km. del Coliseo, la que popularizó una imagen del profeta del Antiguo Testamento con cuernos.
     Cuando Moisés desciende del monte Sinaí con las tablas de Los Diez Mandamientos, tenía su rostro desfigurado por haber estado ante la presencia de Dios, según nos dice el libro del Éxodo en el cap. 34, vers. del 29 al 35. Los israelitas quedaron tan asustados que se vio en la necesidad de cubrirse la cara con un velo el resto de sus días, descubriéndose solo cuando volvía a estar en presencia de Dios.
     ¿Qué pudo ocurrir? El meollo de la cuestión se centra en la palabra hebrea “KRN”, lógicamente escrita sin vocales, ya que esta lengua carece de ellas. Cuando el papa Dámaso I encarga a San Jerónimo en el siglo IV que traduzca la Biblia del hebreo y el griego al latín, la famosa Vulgata latina, reconocida como la Biblia oficial de la Iglesia católica, interpreta la palabra consonántica como: karan, que significa cuerno y, de aquí, que a Moisés se le represente con estos “adornos”. Ahora bien, actualmente se ha optado por otra traducción muy diferente del mismo término: keren, que se podría traducir por radiante, e incluso, como rayos de luz. De haber conocido el autor renacentista esta última versión del texto bíblico ¿cómo hubiera representado los rayos de luz a partir de un bloque de mármol? Seguro que hubiera encontrado la forma perfecta de hacerlo.
     ¿Por qué San Jerónimo optó por karan (cuerno) y no keren (rayo de luz)? Cuando, además, tenía a su disposición la versión griega del Antiguo Testamento (Biblia de los Setenta o Septuaginta), en la que para nada aparecía la palabra cuernos. Parece evidente que el significado que quería dar al término era otro muy distinto al que interpretamos hoy en día, es decir, que hace referencia a la infidelidad, o al que se le dio en la Edad Media, que representaba todo lo demoniaco. Según el Éxodo, Moisés procede de Egipto y allí los grandes dioses no tenían ningún inconveniente en aparecer con cuernos: Osiris, Jnum, o Isis, por ejemplo. E incluso tenían un signo jeroglífico (F13 en la lista de Gardiner) que se representaba con dos cuernos y suena “UP” y significa abrir en diversas expresiones, como abrir una ruta, abrir la matriz para el parto, abrir el año… Implica también la idea de discernir o juzgar, en definitiva de estar dotado de inteligencia para tener la capacidad de comprender, cualidad necesaria para guiar al pueblo elegido.
     Por lo tanto, nos encontramos ante una metáfora que aludía (al igual que en otras culturas antiguas) a la sapiencia, la fuerza, la energía, la experiencia...; si no a la divinidad misma, al menos a haber estado en contacto con Dios. Obviamente, este último significado no ha llegado hasta hoy.
        R.R.C.

domingo, 6 de diciembre de 2015

El sello de Ezequías

    
      El rey bíblico Ezequías ocupa el puesto decimotercero de monarcas del antiguo reino de Judá. Tenemos que recordar, que a la muerte del rey Salomón, Israel quedó dividido en dos estados: Israel al norte y Judá al sur. La duración de su reinado no está clara, ya que la cronología que se baraja oscila entre los treinta y cuarenta años, en los siglos VIII y VII antes de J.C. Lo que es evidente, ya que tenemos información de fuentes judías y asirias, es que tuvo que hacer frente al poderoso rey guerrero asirio Senaquerib, consiguiendo salvar la capital de su reino Jerusalén del potente ejército enemigo. Eso sí, pagando un fuerte tributo y sometiéndose al cerco de la ciudad. La caída de Jerusalén tuvo que esperar al año 587 a. de J.C. cuando reinaba el rey Joaquín, hecho prisionero por el monarca de los babilonios Nabucodonosor, que destruyó la ciudad y se llevó a miles de nobles judíos cautivos a Babilonia.
     No solo en el II Libro de Reyes del Antiguo Testamento aparece este rey, pues también se le menciona como uno de los antecesores de Jesús, en el cap. 1 del Evangelio de San Mateo. Sucesor del rey Acaz (su progenitor), es considerado por el Antiguo Testamento como el mejor rey de Judá, tanto si lo comparamos con los anteriores a él, como con los posteriores; por la confianza que había demostrado en el Dios de Israel y por cumplir sus Mandamientos. Su hijo Manasés fue su sucesor en el trono.
Lugar del descubrimineto del sello de Ezequías
     Un equipo arqueológico israelí dirigido por Eilat Mazar, descubrió en el 2009 en unas excavaciones cercanas al Monte del Templo, en la ciudad vieja de Jerusalén, una pequeña pieza de arcilla que fue catalogada y depositada en un armario, al no poder averiguar su contenido. Cinco años después, un miembro del equipo volvió a analizarla, viendo con claridad el significado de esta bulla (sello). La inscripción ovalada fue impresa en un pedazo de arcilla de 3 milímetros de grosor y mide 13 x 12 milímetros de anchura. Lleva la inscripción en lengua hebrea: «Pertenece a Ezequías [hijo de] Acaz, rey de Judá» y un sol en el centro con dos alas, flanqueado por dos signos jeroglíficos que se denominan ANJ, la famosa cruz de asas egipcia que simboliza la vida. El signo situado a la derecha lo podemos ver perfectamente, mientras que el otro, a malas penas lo podemos intuir. Mazar declaró que “los iconos egipcios habían sido esparcidos por toda la región antes del segundo milenio a. de J.C. y ya habían perdido el significado original”. Y que los reyes de la región de Judea utilizaban el disco solar para referirse al Todopoderoso, y las alas declinadas del mismo, en señal de reverencia, pueden connotar la expresión de Ezequías “mi poder es gracias a la protección de Dios”.
     Es la primera vez que una impresión de sello de un rey de Israel o de Judá sale a la luz, de ahí su importancia. La bulla se empleó para sellar un rollo de papiro y la impresión de las fibras que se conservó en su parte posterior sugiere que el sello lacró un documento firmado por el rey. La parte de atrás de la pieza de barro tenía marcas de cuerdas finas que se utilizaban para anudar un escrito de papiro. "Por lo tanto, es bastante razonable asumir que estamos hablando de una impresión hecha por el rey mismo, haciendo uso de su propio anillo", añadió Eliat Mazar, de la Universidad Hebrea de Jerusalén.
     Por último, el hecho de que apareciese la cruz de asas y el disco solar egipcio en la bulla de un rey de Judá, convierte a este pequeño sello oficial en un artefacto bilingüe, ya que se utiliza una lengua extranjera junto con el hebreo. Las relaciones de este pequeño reino con el país de los faraones pudieron ser más intensas de lo que se ha creído hasta ahora. Concluyo, poco a poco, sin arrebatos, pero sin pausa, la arqueología bíblica va ofreciendo luz a lo que nos transmiten los textos religiosos que conocemos. 
      R.R.C.
P.D. 
                                 El sello del gobernador de Jerusalén
      Un equipo arqueológico israelí ha descubierto en Jerusalén un sello elíptico de cerámica de pequeño tamaño, pues presenta unas medidas de 15X13 mm y un grosor variable entre 2 y 3 mm Tiene una antigüedad de 2700 años, cuando todavía existía el Primer Templo de Jerusalén. En la parte superior del objeto podemos observar dos personajes que se miran de frente con sus manos extendidas. En la parte inferior encontramos lo más relevante, ya que aparece una inscripción en hebreo antiguo que dice: “Perteneciente al gobernador de la ciudad”. Hasta ahora, la única fuente que teníamos que recogiera la existencia de este cargo era la Biblia, cuando menciona que la ciudad de Jerusalén tuvo dos gobernadores en estos lejanos tiempos. Por lo tanto, nos encontramos con la primera constatación arqueológica de un cargo cuya existencia solo conocíamos por el texto sagrado. Así que, la importancia del descubrimiento es evidente, ya que viene a corroborar algo que solo sabíamos de su existencia por una sola fuente escrita.
     R.R.C. 

viernes, 5 de septiembre de 2014

“En busca del arca perdida” y su base histórica

 La imagen es una reproducción del Arca de la Alianza
     Hace unos pocos años, un pequeño grupo de alumnos de bachillerato se dirigió a mí después de salir de clase, para preguntarme qué había de cierto en la famosa saga de películas de aventuras del conocido arqueólogo Indiana Jones. Personalmente, era una cuestión que no me preocupaba demasiado, pues simplemente me había limitado a ver los filmes y a pasar un buen rato en el cine. Me gustaron mucho,  aunque unas más que otras, pero nada más. En mi opinión, la última de ellas se la podían haber ahorrado. Sin embargo, en esos momentos me sentía obligado a darles una contestación; sin hacerles esperar demasiado.
     Aunque el protagonista es un personaje inventado, en todas ellas se ha buscado un motivo histórico que sostenga las fantásticas y arriesgadas aventuras, que desarrolla de una manera incansable el héroe de la andanza. De las cuatro en cuestión, la que más me interesó fue la primera de ellas: “En busca del arca perdida”, creo que es la mejor, y mi respuesta se limitó a ésta. Las dos siguientes me gustaron menos, y la base histórica en la que se apoyaron tiene poca consistencia, si es que tienen alguna. La segunda entrega titulada “El templo maldito”, considero que es fantasía pura, pero en este tema me falta información. No obstante, he leído que intenta apoyarse en rituales y sacrificios dedicados a la diosa Kali, por una secta secreta que se dio en la India cuando todavía era una colonia. En “La última cruzada” Indiana Jones junto a su padre intentan descubrir el lugar donde se guardaba la copa que utilizó Cristo en la Santa Cena, para lo cual los creadores de esta historia se apoyaron en la obsesión que mostraron los nazis por encontrar reliquias arqueológicas de carácter religioso. La cuarta entrega titulada “El reino de la calavera de cristal”, me parece la más fantástica de todas, ya que se ampara en un ovni que visitó la Tierra no se sabe cuándo.
     Respecto a la película que encabeza la entrada es la mejor documentada de las cuatro, pues el hecho en el que se basa, al menos en parte, es histórico, ya que se muestra documentado no solamente en la Biblia, sino que además se representa grabado en uno de los muros del templo de Amón en la antigua Karnak, aunque la ciudad concreta de Jerusalén no aparece mencionada en dicho grabado. El asunto lo expone el propio Dr. Jones ayudado por un colega amigo suyo, cuando dos representantes del gobierno norteamericano lo visitan, inquietos por un correo que su servicio de espionaje había captado a los nazis. El hecho en cuestión consiste en el saqueo que un faraón llevó a cabo en Jerusalén, sustrayendo de su Templo el Arca de la Alianza para trasladarla a Tanis, capital de Egipto en este momento, y enterrarla en esta ciudad próxima a su tumba. El nombre de este soberano es Sheshonq I, citado en la Biblia como Sisac (pueden variar algo sus denominaciones dependiendo de la traducción). Hay que advertir que no todos los investigadores están de acuerdo con identificar ambos nombres con el mismo personaje, pero según he podido comprobar, un número importante de ellos sí lo está con dicha unificación.
     En el capítulo 12 del Libro Segundo de las Crónicas del Antiguo Testamento, se expone como un castigo divino al rey de Israel Roboam por abandonar la Ley de Yahveh junto con todo su pueblo, que en el quinto año de su reinado allá por el 925 antes de J.C., que el faraón Sisac en una campaña contra la capital de su reino con: 1200 carros, 60 000 caballos y un incontable número de libios, sukíes y etíopes (cifras evidentemente exageradas) se apoderó de los tesoros, tanto de la Casa de Yhaveh, es decir, del Templo de Jerusalén, como de la casa del rey. Este suceso también aparece descrito menos detalladamente en el cap. 14 del Libro Primero de Reyes.
     Sheshonq I es el primer faraón de la XXII dinastía y gobernó entre el 945 y el 924 a. de J.C., o sea, durante 21 años, por lo tanto fue en el año 20 de su reinado, cuando llevó a cabo la expedición contra el pueblo elegido, que para algunos historiadores se correspondería con el quinto año de reinado de Jeroboam, hijo y heredero del gran rey Salomón. Luego, en el 925 antes de nuestra era tuvo lugar el saqueo de Jerusalén por parte de las tropas del soberano egipcio, por cierto, la película lo sitúa 55 años antes de J.C. Por orden suya esta campaña en la que llega a conquistar 150 localidades hebreas fue grabada, como ya indiqué más arriba, en los muros del templo dedicado al dios Amón en la ciudad de Karnak, concretamente en el Portal de Bubastite (imagen inferior). Así pues, tenemos constatación de un hecho narrado en el Antiguo Testamento por una fuente ajena al mismo, validando este suceso como un evento histórico. Además, el Dr. José Lull García experto en egiptología expone en su escrito “En torno a la campaña Palestina de Sheshonq I” que: son varios los relieves e inscripciones egipcias que aportan información sobre la intervención de este faraón en Palestina, y mantiene el 925 antes de J.C. como el año que tuvo lugar este acontecimiento.

     En cuanto al Arca de la Alianza no se dice nada en ninguna de las fuentes. Si los egipcios se la hubiesen arrebatado al pueblo judío, ya que se custodiaba en el Templo de Jerusalén en estos momentos, según nos informan los escritos bíblicos, y, siendo además su objeto de culto más sagrado la hubiesen mencionado en primer lugar, y no ocurre así. Por otra parte, después de realizar diversas expediciones arqueológicas en Tanis, no se ha encontrado. Especialmente las llevadas a cabo por el egiptólogo francés Pierre Montet, que halló varias tumbas reales entre las que se encontraba la de Sheshonq II, tercer faraón de la XXII dinastía. Yo no podría decir si, entre sus ideas, tenía cabida la ilusión de localizar el Arca perdida en alguna de estas tumbas, pero son muchos los que afirman que ese era su verdadero objetivo.
     A día de hoy, no sabemos qué ha sido del Arca de la Alianza, ni cuándo desapareció exactamente, e incluso, hay quien ha puesto en duda su existencia. Se han propuesto numerosas teorías y lugares para una posible ubicación, pero sin resultado alguno. El pueblo judío espera dar con su paradero alguna vez y recuperar esta parte de su historia. Indiana Jones en la ficción ya lo ha hecho.

NOTA:


     El arqueólogo estadounidense en el que se inspiraron Steven Spielberg  y George Lucas para la película de Indiana Jones “En busca del arca perdida” se llamaba Sylvanus Morley, experto en la cultura maya. Además, trabajó de espía para su país mientras buscaba ruinas de esta civilización por la península de Yucatán.
   R.R.C.

APÉNDICE:

                                         BRAZALETE DE SHESHONQ I
     Este brazalete del faraón Sheshonq I se encontró en la tumba de Psusennes I, pero en la momia de Sheshonq II. Su antigüedad se remonta al siglo X a. de C. Actualmente se encuentra en el Museo de El Cairo, y tiene una altura de unos 4 cm. y medio. Para su elaboración se utilizó oro, lapislázuli y cornalina. En su interior aparecen los cartuchos de su propietario original, o sea, el del primer monarca mencionado.

     Destaca el impresionante ojo de Horus, o Udyat, con propiedades mágicas de protección, uno de los símbolos más repetidos en el antiguo Egipto que llega hasta hoy. Se posa sobre una cesta, que es el jeroglífico que utilizaban los egipcios para la palabra “señor”, embellecida con una simple decoración geométrica a base de pequeños rectángulos. Bandas paralelas en la que predomina el dorado metal, y el azul del lapislázuli (aunque en esta ocasión presenta un exceso de calcita blanquecina), completan de ornamentar este hermoso brazalete con bisagras, que debieron de lucir en su día, al menos dos soberanos. En fin, otra obra más que pone de manifiesto la calidad artística y la precisión que alcanzó la orfebrería en el país de los faraones.
        R.R.C.

APÉNDICE II
                                                EL CÁLIZ DE VALENCIA

     Se han propuesto más de 200 cálices como candidatos al que utilizó Jesús en la Última Cena, pero ¿podría ser uno de ellos el verdadero? Es posible, el que fuera Catedrático de Arqueología de la Univ. de Zaragoza y científico de prestigio Antonio Beltrán, llevó a cabo una concienzuda investigación sobre la copa conservada en la catedral de Valencia. Partiendo del más absoluto escepticismo, llegó a la conclusión de que, si no era posible afirmar con rotundidad de que dicha copa era el Santo Grial, tampoco se podía oponer una prueba científica de que no lo era. Solo la parte superior que consiste en un cuenco de ágata que se puede datar en el siglo I, o II a. de C. de unos 9 cm. de diámetro y 7 de altura sería el verdadero cáliz, ya que el resto de la copa es una añadidura de orfebrería medieval y, por lo tanto, quedaría descartada. Este tipo de tazón era el que se utilizaba en la Pascua judía en Jerusalén allá por el siglo I. Pudo ser elaborada en Egipto, Siria, e incluso, en el propio Israel. A partir de aquí, la historia de esta pieza es muy extensa y sobrepasa esta pequeña reseña. Por otra parte, tenemos que descartar la idea de que el Santo Grial era de cerámica u otro material modesto, como el que encuentra Indiana Jones en su famosa película, con el absurdo argumento de que así sería la copa de un carpintero.

     Por último, recordar, que le ha salido un serio competidor a esta reliquia, y que se conserva en San Isidoro de León, me refiero al Cáliz de Doña Urraca, que cedió sus joyas para embellecerlo, y, de ser auténtico, también sería la parte superior consistente en un cuenco de ónice. Así que, al igual que Indiana Jones tuvo que elegir, las opciones están abiertas.
      R.R.C.