domingo, 25 de octubre de 2015

LOS VASOS CANOPOS

     Elaborados para conservar las vísceras lavadas y momificadas del fallecido en el Antiguo Egipto, estaban colocados en una caja que se transportaba junto con el sarcófago para ser depositados en su tumba el día del entierro. Los primeros de estos recipientes se encuentran ya en el Imperio Antiguo hacia la mitad del tercer milenio antes de J. C. Eran muy sencillos y sin inscripciones; hechos en piedra caliza. Más adelante, ya empiezan a emplearse otros materiales para su fabricación como cerámica o madera, por ejemplo. Además, sus tapas empezaron a relacionarse con los hijos del dios Horus, y tuvieron un gran desarrollo a partir del Imperio Nuevo. Posteriormente cayeron en desuso, para volver a resurgir con fuerza durante la Época Baja a partir del siglo VII antes de J.C.
     Eran cuatro los recipientes en donde se depositaban las vísceras del difunto momificado:
     1º.- El hígado quedaba depositado en una vasija llamada Amset, y la tapa tenía forma de cabeza humana. La diosa Isis se encargaba de su protección y se debía de orientar al sur.
     2º.- Los pulmones quedaban depositados en una vasija denominada Hapy, y la tapa tenía forma de cabeza de simio. La diosa Neftis se encargaba de su seguridad y se tenía que orientar al norte.
     3º.- Los intestinos se guardaban en una vasija designada Kebeshenuef, y su tapa consistía en una cabeza de halcón. La diosa Selkis se encargaba de protegerla y tenía que estar orientada al oeste.
     4º.- El estómago estaba contenido en una vasija cuya tapa representaba la cabeza de un chacal, y se nombra Duamutef. La diosa Neit se encargaba de ampararla y debía estar orientada al punto cardinal que nos falta, o sea, hacia el este.
     No siempre las tapas de los vasos canopos adoptaban estas formas descritas. Sirva de ejemplo, los recipientes que contenían las vísceras de Tutankamón, que representan repetidamente el rostro del famoso faraón. Estaban en el interior de una caja de alabastro de casi 90 cm. de altura, colocada sobre un trineo chapado en oro y decorada con escritura jeroglífica negra. Los cuatro vasos y sus tapas en la que aparece con la cara pintada también de negro, son de un exquisito alabastro que contribuye a aumentar la calidad artística de todo el conjunto.
     En un arcón de madera lujosamente decorado con planchas de oro, fue guardada la caja que contenía los vasos. En los lados de esta especie de templete cuadrado aparecen las cuatro diosas ya mencionadas, con el objeto de reforzar la protección de las vísceras del joven faraón. Un trineo de madera dorado sirve de base a este vistoso templete.
Nota: Imágenes obtenidas de Internet.
    R.R.C.

sábado, 17 de octubre de 2015

La máscara de Psusennes I

     
     Cuando uno presencia en las vitrinas del Museo de El Cairo la máscara funeraria de Psusennes, no puede evitar la comparación con la de Tuntakamón. Es innegable el parecido de ambas; la del primero es magnífica, pero la del segundo es insuperable. Más de 300 años las separan*, además de las necrópolis en donde fueron descubiertas: una en Tanis (en el delta del Nilo); la otra en el Valle de los Reyes (situado en Tebas).
     La máscara de Psusennes está realizada en dos piezas de oro, soldadas y reforzadas con cinco clavos que podemos observar en su parte posterior. El precioso metal es la materia prima predominante en toda la obra, solo interrumpido por el lapislázuli empleado para remarcar sus cejas y grandes ojos almendrados, así como el tirante que usaban los faraones para sujetar la característica barba postiza. Para los ojos se utiliza piedra blanca y negra que llenan el rostro de vida. Una preciosa cobra realizada en oro recorre el nemes (tocado de tela que llevaban los faraones) y sobresale con una gran elegancia por encima de su frente. El amplio pectoral que vemos bajo su cuello, se resuelve con bandas cinceladas que representan motivos geométricos y hojas de loto muy estilizadas. Respecto a la barba postiza está decorada con simples incisiones que producen un efecto de entrelazado, se encuentra incrustada en la parte inferior de la mandíbula. Por último, las bandas que recorren la parte posterior del nemes convergen al final de su recorrido.
     
     Fue descubierta por el arqueólogo francés Pierre Montet en febrero de 1940, cuando estaba empezando la IIª Guerra Mundial, en el sarcófago de este faraón que reinó en el Bajo Egipto entre finales del siglo XI y principios del X antes de J.C. Así que, a pesar de la importancia del hallazgo, quedó un tanto olvidado, ya que el mundo tenía su mirada puesta en la guerra desencadenada por Hitler. Aún hoy, permanecen postergados tanto el descubridor como Psusennes I y, desde luego, su magnífica máscara.

*La de Tutankamón más antigua.

          R.R.C. 

domingo, 11 de octubre de 2015

Respaldo del trono de Tutankamón

    
      Nunca he presenciado tanta ternura y delicadeza en una escena de arte egipcio, sea relieve o pintura, como la que exhibe el respaldo del trono de Tutankamón. Esa mirada de complicidad entre el joven faraón y su delicada esposa desprende una dulzura contagiosa. Ese gesto protector de su mano derecha sobre el hombro izquierdo de su marido, al que está a punto de poner ungüento perfumado del recipiente que sostiene en su mano izquierda, contribuye aún más a transmitir amor, afecto y sensibilidad a la intimidad del momento. Si ahora detenemos nuestro examen en los pies de ambos, observaremos, que mientras Tutankamón solo calza su pie izquierdo, su esposa Anjesenatón hace lo propio en su pie derecho, símbolo inequívoco de que se complementan mutuamente. En fin, no encontramos en toda la etapa faraónica una representación de una pareja real tan enamorada como la que vemos en la imagen.

     Por otra parte, me gustaría hacer hincapié en las siguientes cuestiones técnicas como el gusto más que evidente por el detalle; la elegancia de la vestimenta y la transparencia de las telas, especialmente la de ella; los amplios y lujosos pectorales; sus elaboradas y llamativas pelucas, además de las piezas simbólicas que portan; y destacados brazaletes dignos de la realeza. Todo este conjunto de elementos, muestran el interés del artista egipcio por alcanzar la perfección en su obra. Para su consecución utiliza madera decorada con pan de oro, plata, vidrio y piedras de adorno como lapislázuli, cornalina y turquesa. Y, por último, advertir como el Sol situado en la parte superior inunda toda la composición de luz y energía, y aprovecha dos de sus rayos para introducir en las bocas de la feliz pareja el símbolo de la vida que, al final, no tuvieron. (De R.R.C. para Fina Pagán.)
   
      R.R.C.

viernes, 2 de octubre de 2015

Sargón I de Acad, un nacimiento e infancia mitológica

     Hace ya más de 33 años que cayó en mis manos un pequeño libro del Dr. Otto Rank, discípulo de Freud, aunque más tarde se separó de él. Titulado El mito del nacimiento del héroe, en donde se plantea el por qué coinciden casi a la perfección, las condiciones de nacimiento e infancia de multitud de mitos de culturas distintas y distantes en el espacio y en el tiempo que, en principio, no habían tenido contacto entre sí. El autor hace un breve repaso de cómo fueron estas circunstancias en  una serie de personajes: unos, que sí tuvieron una existencia real; y otros, fruto de la formidable imaginación humana. Sargón o Ciro serían un buen ejemplo de los primeros; Perseo o Edipo, una buena muestra de lo segundo.
     En esta entrada de blog me centraré en cuales fueron las condiciones de nacimiento e infancia del Rey Sargón, primera persona de la historia en fundar un imperio en el siglo XXIII a.C., desde el Elam (suroeste del actual Irán) hasta el Mediterráneo. En lo que parece ser una inscripción inspirada o redactada por él mismo de época asiria, del siglo VII anterior a nuestra era y, por lo tanto, muy posterior al personaje, nos informa de lo siguiente: Sargón, poderoso soberano Rey de Akad, hijo de una vestal y de un padre que desconozco; pero sé que su hermano vivía en las montañas. En Azupirani, ciudad situada a orillas del río Eúfrates, mi madre me dio a luz en un lugar oculto. Acto seguido, me colocó en un cesto hecho a base de juncos, cerrando su tapa con betún para impermeabilizarlo lo dejó flotando en las aguas del mencionado río, en el cual logré sobrevivir. La corriente me desplazó hasta Akki, en donde un aguatero me recogió en la bondad de su corazón y me adoptó como si fuese su propio hijo, para convertirme más tarde en su jardinero. Ejerciendo este oficio, me gané el amor de la diosa Ishtar, me convertí en el rey de los acadios y, como tal, goberné cuarenta y cinco años. Al no ser una traducción literal no he entrecomillado el texto, pero refleja fielmente su contenido.
     Bien, el Dr. Rank recoge una serie de teorías que tratan de explicar las coincidencias que muestra el nacimiento y la infancia de nuestro héroe, con otros personajes reales o ficticios, entre los cuales se encuentran los mencionados anteriormente. Las resume en tres:
     En primer lugar, expone la idea de puebl” propuesta por A. Bastian, la cual supone la existencia de pensamientos elementales, por lo que las coincidencias que observamos en los relatos mitológicos, se podrían explicar por la disposición uniforme de la mente humana, independiente de cualquier tiempo y lugar.
     Una segunda teoría recoge el origen común que tendrían todos estos relatos parecidos y que los encontramos por todo el mundo, es decir, surgirían en un lugar propicio en donde serían aceptados, para pasar después, sin demasiados problemas, a los pueblos más próximos, y así, sucesivamente hasta ser conocidos por toda la tierra, al menos, conservando sus rasgos fundamentales. R. Schubert adoptó por primera vez esta explicación a la hora de exponer la amplia distribución de los mitos de los héroes.
     En tercer lugar, nos encontramos con la teoría de migración o préstamo, la cual afirma que los mitos individuales se originan en pueblos concretos y más tarde son recogidos por otros pueblos a través de la tradición oral, o bien de influencias literarias, como podemos ver en la obra de E. Stucken.
     ¿Cómo interpreta el tema Otto Rank? Para él, los mitos no son elaborados por el héroe mismo, sino que son el producto de un pueblo de personas adultas, y más concretamente, por hacedores individuales del mito. En el fondo, le atribuyen al héroe su propia infancia magnificada y se identifican con él, reclamando para ellos, el mérito de haber sido también héroes en su pasado infantil, especialmente, cuando se enfrentaron con su padre como consecuencia del Complejo de Edipo (su primer acto heroico), descrito por su maestro Sigmund  Freud. En efecto, los mitos en general fueron creados por adultos, tras experimentar un proceso de regresión a sus propias fantasías infantiles, en donde se forjan y nutren las atribuciones que les conceden. Resumiendo, el inventor del mito describe su propia infancia fantaseada.

     R.R.C.   

martes, 1 de septiembre de 2015

El collar de María Antonieta

Reconstrucción del collar
     Conocido como Collar de la Reina, se le relaciona con María Antonieta, archiduquesa austríaca y caprichosa esposa del Rey de Francia Luís XVI, descendiente de Luís XIV, motivo por el cual alcanzó tan alto honor. Ambos fueron víctimas de un gran engaño del que ni siquiera fueron conscientes, que aceleró su caída en desgracia de manera irremediable, como el mismo Gabriel Mirabeau, revolucionario, escritor y Presidente de la Asamblea Nacional Constituyente llegó a admitir, al considerar este desagradable asunto como el paso preliminar de la Revolución francesa. Aunque no hay que olvidar que el camino hacia la insurrección del pueblo de París ya estaba despejado, y este episodio sólo hizo acelerar el proceso.


 
Diseño del collar del enredo
      La historia se remonta al reinado anterior de su padre Luís XV, que tenía una amante (algo habitual, por lo que se ve, en los gobernantes de Francia) llamada Madame Du Barry, de una gran codicia y ambición sin límites. Dos joyeros que trabajaban para la Corona, pensaron que si elaboraban un enorme collar compuesto de grandes diamantes, hasta un  total de seiscientos cuarenta y siete, algo nunca visto hasta el momento (por las reproducciones que he podido ver de él en la red, me parece horroroso. Tanto diamante me recuerda una lámpara de cristal de roca), el Rey se quedaría sorprendido y se lo regalaría a su avariciosa querida. Pero la mala suerte se cruzó en el camino de estos joyeros. La muerte inesperada del Rey frustró su proyecto. Como vulgarmente se dice, se quedaron compuestos y sin novia, es decir, con un costosísimo collar que los había dejado empeñados hasta las cejas y sin comprador alguno.
Madame Du Barr
     La nueva ocasión, y que no podían desperdiciar, se les presentó con su sucesor en el Trono Luís XVI y su frívola, voluble y superficial esposa María Antonieta. Él estaba dispuesto a regalárselo. Lo sorprendente fue que ella no mostró un gran interés por la joya y la rechazó, pues no estaba en condiciones de pagar un precio tan alto. Ante este nuevo revés, la situación de los dos joyeros los situó al borde de la desesperación más absoluta, e incluso del suicidio. No obstante, continuaron con la búsqueda de un comprador, hasta que en 1875, por fin, recibieron un comunicado de una misteriosa dama que se llamaba Jeanne de La Motte, la cual, afirmaba que un personaje importante estaba animado para adquirir el estrafalario collar, tan solo tenían que esperar noticias suyas. En este momento empieza el monumental engaño, pues la tal Señora, no era más que una joven y bella ladrona, sin principios morales y muy ambiciosa, que trataba de quedarse con la preciada pieza, apoyada por gentucilla y ladronzuelos de poca monta.
María Antonieta
     El personaje poderoso al que se refería Madame de La Motte era, nada menos, que el cardenal de origen principesco Louis René Éduard de Rohan obispo de Estrasburgo y con un gran poder económico, al que había seducido con su belleza y para sacarlo de dudas, compartido su cama, haciéndose pasar por amiga de la reina. A la vez que aseguró, al incauto cardenal, que intercedería por él ante María Antonieta, para recuperar su amistad que tanto deseaba y lograr así, que lo propusiera para ser Primer ministro de Francia. Para conseguir su objetivo, ideó el siguiente plan, que parece sacado del mundo de la ficción: contrató los servicios de una prostituta que encontró en los barrios bajos de París y que poseía un gran parecido con la reina, para que se hiciese pasar por ella. Tuvo que acompañar a La Motte y su marido a un parque de Versalles próximo a palacio, y aguardar allí, con la cara tapada y convenientemente vestida, hasta que llegara el cardenal de Rohan. Mientras tanto, Madame de La Motte le confirmó que María Antonieta, a propuesta suya, había aceptado una cita breve y discreta con él. Después de este fugaz  encuentro con la impostora y tras una enigmática frase, en la que dio a entender que aceptaría el collar a cambio de su amistad, desapareció en la oscuridad de la noche. La trampa surtió su efecto.
Jeanne de La Motte
     Lógicamente, La Motte se ofreció como mediadora para la compra del collar y Rohan cayó en sus redes. El cardenal negoció con los joyeros, dicho sea de paso, consiguiendo un buen trato, ya que logró un buen precio y pagar el primer plazo medio año después. Inmediatamente confió la joya a La Motte para que se la entregase a la reina de su parte. Como era de esperar, hasta aquí llegó el collar. 
Cardenal de Rohan
     Madame La Motte, junto con su marido, desmontaron rápidamente este tesoro y se repartieron las valiosas piedras. Él se marchó a Londres con su parte del botín, pero ella cometió el error de permanecer en París y hacer ostentación de lo robado, efectuando compras desorbitadas e incluso utilizar parte de los diamantes para que le montasen sus propias alhajas para lucirlas. Pero este enredo no podía durar mucho tiempo sin que se descubriese, pues el cardenal veía que María Antonieta no le hacía ni caso, y por otro lado, los joyeros estaban deseosos de recibir el pago prometido. Cuando uno de los vendedores fue a visitar a la reina para ver qué pasaba, la operación urdida por el matrimonio de La Motte se vino abajo.
     
     Se celebró un juicio público, que la falsa Madame utilizó para verter un torrente de mentiras y acusaciones sobre, en este asunto al menos, inocente reina, presentándose como una víctima de ella, aprovechando la mala reputación que tenía entre los parisinos de: frívola, caprichosa, ramera, engreída y un largo etcétera. La gente desengañada del régimen la creyó. El cardenal quedó exonerado de cualquier responsabilidad, pero Jeanne de La Motte no tuvo tanta suerte. La sentenciaron a ser duramente flagelada y marcada con un hierro incandescente, como si de ganado vacuno se tratara, con la letra V (voleuse en francés) de ladrona. Además, estaría de por vida en una cárcel para mujeres. No sé si para mejor, o para peor, al poco tiempo alguien la ayudó a escapar a Londres en donde se encontraba su marido, que no quiso saber nada de ella. Unos años más tarde, en 1791 murió al caer, o la tiraron, aún no está claro, desde un edificio de la capital británica y así acabó sus días.
    
     El propio Alejandro Dumas escribió una novela titulada  El affaire del collar de la reina. El escritor vienés Stefan Zweig calificó este hecho como “una de las farsas más destacadas de la historia”. El cine también ha llevado a la gran pantalla este enredo, con una buena puesta en escena y una brillante interpretación de sus protagonistas, que consigue retrotraernos a ese caldeado período previo a la Revolución francesa.
     
     El Collar de la Reina que nunca fue de la reina y, sin embargo, lo pagó como si de un desmesurado capricho suyo se tratara. Su desprestigio era tal, que nadie la creyó. Cuando los gobernantes viven al margen del pueblo y se comportan como si los problemas que padece no fueran con ellos, pierden toda la credibilidad. Y si además, se aprovechan del poder que le ha sido otorgado para enriquecerse, creerán a cualquiera, por indigno que sea, antes que a sus propias autoridades. La Revolución francesa se hubiera dado de todos modos, pero ¡qué duda cabe! que este asunto, del que no se suele hablar cuando se exponen las causas del acontecimiento que inicia la época contemporánea, trazó su comienzo, encendiendo la mecha de un polvorín a punto de estallar. 
        R.R.C.

APÉNDICE (23-julio-2019)
                                                       Los Pechos de María Antonieta

     ¡Vaya con los pechos de María Antonieta! Que se convirtieron en tazones de porcelana poco antes de la Revolución francesa; cuatro de ellos conservados en el Museo Nacional de Cerámica de Sèvres, en París. Según nos cuenta la tradición y chismorreos de la época, sus tetas sirvieron de modelo para obtener estas maravillosas piezas de artesanía; en las que un trípode, compuesto por tres elegantes cabras con toques de color, servía de base para sostener un fino cuenco, para lo cual se elaboró un molde de cera que se obtuvo del pecho de esta caprichosa reina. Se les denomina jattes tétons, a estas piezas conseguidas de esta curiosa manera. La cerámica de Sèvres se fundó con el apoyo de Luis XV y Madame de Pompadour a mediados del siglo XVIII en Francia.

     Fue su inconsciente marido Luís XVI el que asombró a María Antonieta con este delicado regalo, que, por otra parte, no tiene nada de original, ya que otros personajes históricos utilizaron los pechos de sus esposas o amantes, según los casos, para reproducirlos en copas y beber en estas cautivadoras obras.

         R.R.C.

domingo, 2 de agosto de 2015

Nefertari, la reina por la que brilla el Sol

     En esta frase expresa todo su amor por su esposa Nefertari  en el Templo de Hathor de Abu Simbel y en otros lugares, el poderoso faraón Ramsés II. Con la que compartió, al menos, seis hijos de los ciento cincuenta que tuvo con otras esposas y concubinas. Pero, no cabe duda, que Nefertari era su preferida: La Gran Esposa Real, como indican todos los textos y monumentos encontrados hasta ahora. En algunas ocasiones la pone a su misma altura, algo inusual en esta época, lo que demuestra el interés que siempre mostró por esta atractiva y sensual mujer, que dejaba intuir con sutiles transparencias la belleza de su cuerpo en presencia de su esposo, además de ser inteligente y dotada para la política. De origen poco claro y aún discutido, podría estar relacionada con la nobleza, o la realeza, al estar emparentada con el faraón Ay; e incluso, es posible que fuese hermanastra de su propio marido.
     No se le hizo tarde para casarse a ambos, pues se encontraban al comienzo de la adolescencia y tenían una edad de unos quince años. Él ya estaba casado con otra, a la que Nefertari, con toda probabilidad desplazaría y se convertiría en la mujer más importante del reino, a la que elevó al rango de diosa. Con poder y con intervenciones decisivas en el terreno de la política, como prueba el hecho de ser una activa impulsora de la paz entre las dos potencias del momento: el Imperio Hitita y Egipto (en mi opinión, su mayor logro), el contribuir a evitar que dos estados poderosos sigan enzarzados en una guerra que se prolongaba más de quince años y que ninguno de ellos resultó vencedor. Entre los reconocimientos que cosechó con el respaldo de su marido que la colmó de honores en vida destacan: Señora de las Dos Tierras; Señora de todas las tierras; Esposa del dios; Princesa Heredera; y “Por la que brilla el Sol”, el más poético y hermoso de todos, el único del que hay documentación en toda la dilatada historia egipcia sólo referido a esta reina y, que desde luego, es un símbolo inequívoco del amor que le profesaba su marido.
     Su vida se desarrolla en Egipto durante el siglo XIII antes de Cristo y su reinado se corresponde con la XIX dinastía faraónica. No murió mayor. Por supuesto, antes que su esposo, pues contaba con una edad de cuarenta a cincuenta años, pero he leído otras informaciones que la adelantan a los treinta años. Y seguimos sin saber las causas de su muerte, por lo que no hay nada descartado, quiero decir que se pudo deber a muerte natural, accidente, o pensando en lo peor, asesinato. Su marido dispuso que fuera enterrada en el Valle de las Reinas, cerca del más conocido Valle de los Reyes en las afueras de la ciudad de Tebas. Su tumba es la más majestuosa de todas, y de no haber sido asaltada y saqueada, nos brindaría maravillosos tesoros que han desaparecido. Ramsés II no pudo construir una sepultura más bella para aquella que amó tanto. Nos podemos imaginar el profundo pesar que dejó en él su temprana muerte; y más, si tenemos en cuenta que este faraón murió casi centenario, después de un largo reinado de cerca de setenta años.
     Por último, me parece interesante fijarnos en el bonito cartucho real que lleva su nombre y aparece dibujado en las paredes de su tumba. Sobre su frente, y a la altura de las dos plumas largas que la propia Nefertari porta sobre su cabeza, con el disco solar incluido en la base de las mismas, podemos observar los siguientes signos: en primer lugar y en la parte superior un buitre, que podemos identificar con la diosa Mut “La Madre”, que en jeroglífico se la representa con un buitre que se transcribe -Mwt- seguido de una semiesfera  -t- (que en este caso actúa como redundante). La diosa aparece en primer lugar, aunque luego se lea la última, por respeto. Debajo y de izquierda a derecha vemos una especie de instrumento musical, aunque en realidad es una tráquea, que es un signo trilítero y se lee – NeFeR- (la letra e minúscula se añade por convención, para poder leer tres consonantes juntas), seguida de una caña en flor que podemos transcribir como i latina. A continuación aparecen tres signos que habría que leer de arriba abajo: un semicírculo  -t- , una especie de boca medio abierta  -r- y  dos trazos verticales que vendrían a ser una i larga  -ii- , o -y-. En la parte inferior del cartucho observamos una línea quebrada que se transcribe como - n - (se pronunciaría en), una especie de canal -mr- (1) y por último, otro semicírculo, que ya sabemos que se transcribe como - t - e indica el género femenino, que la inscripción se refiere a una mujer. Juntando todo lo anterior podría quedar como sigue: Nefritry Mwt n mr t. Traducido al castellano: “La bellísima amada de Mut”, o bien “Nefertari amada de (en) Mut.

(1) En otros cartuchos, como podemos observar en la otra imagen, en lugar de ese canal con agua que se transcribe como  -mr- aparece un signo con forma de azada o arado, que tiene el mismo significado: amar y se transcribe igual.
     R.R.C.

martes, 21 de julio de 2015

¿Dónde fue bautizado Jesús?


     La UNESCO acaba de declarar Patrimonio de la Humanidad y, por consiguiente, de dar validez a las tesis que afirman que Jesús fue bautizado en Betania (nada que ver con la ciudad de Lázaro), en la ribera oriental del río Jordán, o sea, en la parte jordana, unos diez km antes de su desembocadura en el mar Muerto. De esta forma, podríamos considerar que este lugar es uno de los tres sitios más importantes de peregrinación (algún Papa ya lo ha hecho) para la cristiandad, después del Santo Sepulcro en Jerusalén y la Basílica de la Natividad en Belén.
    
       Por otra parte, no debería de sorprendernos este lugar, pues San Juan ya lo señala en el capítulo primero de su Evangelio cuando afirma: “Estas cosas acontecieron en Betania, al otro lado del Jordán, donde Juan estaba bautizando”.  El arqueólogo y profesor de la Universidad Hachemita Reina Rania de Ammán, Mohammad Waheeb, no tiene dudas de que nos encontramos en el lugar exacto donde tuvo lugar el acontecimiento. Ha habido que esperar hasta finales del siglo pasado para poder probarlo arqueológicamente. Aparecieron cuatro iglesias superpuestas de los siglos IV al VII (cuando una se destruía, levantaban otra encima), prueba que indica la importancia de este lugar para los antiguos cristianos.
     
     También tenemos que tener presente que, en el siglo VI, Santa Elena, la madre del Emperador Constantino, y a la que podríamos considerar como primera arqueóloga, por su búsqueda incansable de los lugares en los que estuvo Jesús, visitó esta zona. Unos monjes que vivían allí desde la primera mitad el siglo I le mostraron este emplazamiento como el sitio de su bautismo. Inmediatamente ordenó que se levantaran iglesias para celebrarlo y no olvidarlo; como así ocurrió, prueba de ello es que la primera en alzarse data, como hemos visto más arriba, del siglo IV.

       R.R.C.