domingo, 7 de septiembre de 2014

Graffiti artístico

     
     Cuando el graffiti se convierte en una obra de arte es digno de admirar y de proteger, como es el caso que nos ocupa en esta entrada. La imagen que contemplamos se encuentra en las paredes laterales de un edificio que avisté en Praga, capital de la República Checa. Lamentablemente, desconozco el autor o autores del mismo, también la fecha en la que fue ejecutado, pero por su buen estado de conservación no debe de hacer mucho*. Sobre la famosa banda de Moebius vemos que se desplazan una serie de excavadoras (buldózer) de diferentes clases, que se intercalan con otros tantos carros de combate como persiguiéndose unos a otros, de un fuerte color verde oliva que contrasta con amarillo de las primeras (colores habituales en esta maquinaria pesada), en la que el hierro es su componente principal.
     Evidentemente, estos vehículos no están escogidos al azar, pues mientras que unos sirven para construir, sobre todo infraestructuras, como carreteras, puentes, túneles, trasvases, etc., los otros sirven para destruir lo que ya han hecho los anteriores. Por lo tanto, se van alternando sobre una banda infinita los vehículos que simbolizan la construcción para el bienestar de la sociedad, con aquellos que simbolizan todo lo contrario: la destrucción de lo ya construido y de la propia sociedad. Y esta es la historia interminable; todo lo construido será destruido por una nueva guerra, y volver a empezar. Al menos así ha venido siendo hasta ahora y las esperanzas de que esto cambie son remotas.
     Por otra parte, la conocida cinta de Moebius es una construcción físico-matemática que se ha empleado en la literatura, el arte, la música y en otras disciplinas. Presenta numerosas y curiosas propiedades que no vienen al caso en este comentario, salvo su infinitud, pues nunca se termina lo que transcurre por ella, es decir, el hombre nunca dejará de construir y destruir lo construido. Una pena infinita.

* Después de tener escrito este comentario, la única información que he podido encontrar en Internet, es de que la obra fue pintada por un artista italiano con el pseudónimo de Blu en 2008 con el título: “Franja de Gaza”. Al final, he optado por dejar el texto tal y como lo tenía redactado, y añadir esta posdata. 
Nota: Esta banda es el signo que utiliza las matemáticas para referirse a infinito, y no un 8 acostado como piensa mucha gente.
      R.R.C.  

viernes, 5 de septiembre de 2014

“En busca del arca perdida” y su base histórica

 La imagen es una reproducción del Arca de la Alianza
     Hace unos pocos años, un pequeño grupo de alumnos de bachillerato se dirigió a mí después de salir de clase, para preguntarme qué había de cierto en la famosa saga de películas de aventuras del conocido arqueólogo Indiana Jones. Personalmente, era una cuestión que no me preocupaba demasiado, pues simplemente me había limitado a ver los filmes y a pasar un buen rato en el cine. Me gustaron mucho,  aunque unas más que otras, pero nada más. En mi opinión, la última de ellas se la podían haber ahorrado. Sin embargo, en esos momentos me sentía obligado a darles una contestación; sin hacerles esperar demasiado.
     Aunque el protagonista es un personaje inventado, en todas ellas se ha buscado un motivo histórico que sostenga las fantásticas y arriesgadas aventuras, que desarrolla de una manera incansable el héroe de la andanza. De las cuatro en cuestión, la que más me interesó fue la primera de ellas: “En busca del arca perdida”, creo que es la mejor, y mi respuesta se limitó a ésta. Las dos siguientes me gustaron menos, y la base histórica en la que se apoyaron tiene poca consistencia, si es que tienen alguna. La segunda entrega titulada “El templo maldito”, considero que es fantasía pura, pero en este tema me falta información. No obstante, he leído que intenta apoyarse en rituales y sacrificios dedicados a la diosa Kali, por una secta secreta que se dio en la India cuando todavía era una colonia. En “La última cruzada” Indiana Jones junto a su padre intentan descubrir el lugar donde se guardaba la copa que utilizó Cristo en la Santa Cena, para lo cual los creadores de esta historia se apoyaron en la obsesión que mostraron los nazis por encontrar reliquias arqueológicas de carácter religioso. La cuarta entrega titulada “El reino de la calavera de cristal”, me parece la más fantástica de todas, ya que se ampara en un ovni que visitó la Tierra no se sabe cuándo.
     Respecto a la película que encabeza la entrada es la mejor documentada de las cuatro, pues el hecho en el que se basa, al menos en parte, es histórico, ya que se muestra documentado no solamente en la Biblia, sino que además se representa grabado en uno de los muros del templo de Amón en la antigua Karnak, aunque la ciudad concreta de Jerusalén no aparece mencionada en dicho grabado. El asunto lo expone el propio Dr. Jones ayudado por un colega amigo suyo, cuando dos representantes del gobierno norteamericano lo visitan, inquietos por un correo que su servicio de espionaje había captado a los nazis. El hecho en cuestión consiste en el saqueo que un faraón llevó a cabo en Jerusalén, sustrayendo de su Templo el Arca de la Alianza para trasladarla a Tanis, capital de Egipto en este momento, y enterrarla en esta ciudad próxima a su tumba. El nombre de este soberano es Sheshonq I, citado en la Biblia como Sisac (pueden variar algo sus denominaciones dependiendo de la traducción). Hay que advertir que no todos los investigadores están de acuerdo con identificar ambos nombres con el mismo personaje, pero según he podido comprobar, un número importante de ellos sí lo está con dicha unificación.
     En el capítulo 12 del Libro Segundo de las Crónicas del Antiguo Testamento, se expone como un castigo divino al rey de Israel Roboam por abandonar la Ley de Yahveh junto con todo su pueblo, que en el quinto año de su reinado allá por el 925 antes de J.C., que el faraón Sisac en una campaña contra la capital de su reino con: 1200 carros, 60 000 caballos y un incontable número de libios, sukíes y etíopes (cifras evidentemente exageradas) se apoderó de los tesoros, tanto de la Casa de Yhaveh, es decir, del Templo de Jerusalén, como de la casa del rey. Este suceso también aparece descrito menos detalladamente en el cap. 14 del Libro Primero de Reyes.
     Sheshonq I es el primer faraón de la XXII dinastía y gobernó entre el 945 y el 924 a. de J.C., o sea, durante 21 años, por lo tanto fue en el año 20 de su reinado, cuando llevó a cabo la expedición contra el pueblo elegido, que para algunos historiadores se correspondería con el quinto año de reinado de Jeroboam, hijo y heredero del gran rey Salomón. Luego, en el 925 antes de nuestra era tuvo lugar el saqueo de Jerusalén por parte de las tropas del soberano egipcio, por cierto, la película lo sitúa 55 años antes de J.C. Por orden suya esta campaña en la que llega a conquistar 150 localidades hebreas fue grabada, como ya indiqué más arriba, en los muros del templo dedicado al dios Amón en la ciudad de Karnak, concretamente en el Portal de Bubastite (imagen inferior). Así pues, tenemos constatación de un hecho narrado en el Antiguo Testamento por una fuente ajena al mismo, validando este suceso como un evento histórico. Además, el Dr. José Lull García experto en egiptología expone en su escrito “En torno a la campaña Palestina de Sheshonq I” que: son varios los relieves e inscripciones egipcias que aportan información sobre la intervención de este faraón en Palestina, y mantiene el 925 antes de J.C. como el año que tuvo lugar este acontecimiento.

     En cuanto al Arca de la Alianza no se dice nada en ninguna de las fuentes. Si los egipcios se la hubiesen arrebatado al pueblo judío, ya que se custodiaba en el Templo de Jerusalén en estos momentos, según nos informan los escritos bíblicos, y, siendo además su objeto de culto más sagrado la hubiesen mencionado en primer lugar, y no ocurre así. Por otra parte, después de realizar diversas expediciones arqueológicas en Tanis, no se ha encontrado. Especialmente las llevadas a cabo por el egiptólogo francés Pierre Montet, que halló varias tumbas reales entre las que se encontraba la de Sheshonq II, tercer faraón de la XXII dinastía. Yo no podría decir si, entre sus ideas, tenía cabida la ilusión de localizar el Arca perdida en alguna de estas tumbas, pero son muchos los que afirman que ese era su verdadero objetivo.
     A día de hoy, no sabemos qué ha sido del Arca de la Alianza, ni cuándo desapareció exactamente, e incluso, hay quien ha puesto en duda su existencia. Se han propuesto numerosas teorías y lugares para una posible ubicación, pero sin resultado alguno. El pueblo judío espera dar con su paradero alguna vez y recuperar esta parte de su historia. Indiana Jones en la ficción ya lo ha hecho.

NOTA:


     El arqueólogo estadounidense en el que se inspiraron Steven Spielberg  y George Lucas para la película de Indiana Jones “En busca del arca perdida” se llamaba Sylvanus Morley, experto en la cultura maya. Además, trabajó de espía para su país mientras buscaba ruinas de esta civilización por la península de Yucatán.
   R.R.C.

APÉNDICE:

                                         BRAZALETE DE SHESHONQ I
     Este brazalete del faraón Sheshonq I se encontró en la tumba de Psusennes I, pero en la momia de Sheshonq II. Su antigüedad se remonta al siglo X a. de C. Actualmente se encuentra en el Museo de El Cairo, y tiene una altura de unos 4 cm. y medio. Para su elaboración se utilizó oro, lapislázuli y cornalina. En su interior aparecen los cartuchos de su propietario original, o sea, el del primer monarca mencionado.

     Destaca el impresionante ojo de Horus, o Udyat, con propiedades mágicas de protección, uno de los símbolos más repetidos en el antiguo Egipto que llega hasta hoy. Se posa sobre una cesta, que es el jeroglífico que utilizaban los egipcios para la palabra “señor”, embellecida con una simple decoración geométrica a base de pequeños rectángulos. Bandas paralelas en la que predomina el dorado metal, y el azul del lapislázuli (aunque en esta ocasión presenta un exceso de calcita blanquecina), completan de ornamentar este hermoso brazalete con bisagras, que debieron de lucir en su día, al menos dos soberanos. En fin, otra obra más que pone de manifiesto la calidad artística y la precisión que alcanzó la orfebrería en el país de los faraones.
        R.R.C.

APÉNDICE II
                                                EL CÁLIZ DE VALENCIA

     Se han propuesto más de 200 cálices como candidatos al que utilizó Jesús en la Última Cena, pero ¿podría ser uno de ellos el verdadero? Es posible, el que fuera Catedrático de Arqueología de la Univ. de Zaragoza y científico de prestigio Antonio Beltrán, llevó a cabo una concienzuda investigación sobre la copa conservada en la catedral de Valencia. Partiendo del más absoluto escepticismo, llegó a la conclusión de que, si no era posible afirmar con rotundidad de que dicha copa era el Santo Grial, tampoco se podía oponer una prueba científica de que no lo era. Solo la parte superior que consiste en un cuenco de ágata que se puede datar en el siglo I, o II a. de C. de unos 9 cm. de diámetro y 7 de altura sería el verdadero cáliz, ya que el resto de la copa es una añadidura de orfebrería medieval y, por lo tanto, quedaría descartada. Este tipo de tazón era el que se utilizaba en la Pascua judía en Jerusalén allá por el siglo I. Pudo ser elaborada en Egipto, Siria, e incluso, en el propio Israel. A partir de aquí, la historia de esta pieza es muy extensa y sobrepasa esta pequeña reseña. Por otra parte, tenemos que descartar la idea de que el Santo Grial era de cerámica u otro material modesto, como el que encuentra Indiana Jones en su famosa película, con el absurdo argumento de que así sería la copa de un carpintero.

     Por último, recordar, que le ha salido un serio competidor a esta reliquia, y que se conserva en San Isidoro de León, me refiero al Cáliz de Doña Urraca, que cedió sus joyas para embellecerlo, y, de ser auténtico, también sería la parte superior consistente en un cuenco de ónice. Así que, al igual que Indiana Jones tuvo que elegir, las opciones están abiertas.
      R.R.C.

lunes, 1 de septiembre de 2014

El patrimonio de todos

     Desde hace unas pocas décadas y en los últimos años con más intensidad, se ha impuesto la práctica de prohibir las visitas a la gente normal de una serie de lugares históricos, que se dice que son Patrimonio de la Humanidad. ¡Menuda contradicción!, si la humanidad a la que se hace referencia no puede verlos, con el argumento de que si se permiten visitas se deterioran y no se podrán conservar para las generaciones futuras. ¡Magnífico! Le quitamos el derecho a su disfrute a las generaciones actuales y se lo pasamos a las venideras. ¿Sabe alguien cómo serán éstas en el futuro?, ¿tendrán los mismos apegos y gustos que nosotros?, ¿los conservarán con el mismo interés?, ¿puede garantizar algún experto que un desastre natural, o una guerra provocada por los mismos humanos no destruirán todas estas reliquias que con tanto celo se guardan, y al final, nos las perdemos los unos y los otros? Por lo que tengo entendido, es un grupo de técnicos los que toman esta decisión y la autoridad gubernativa correspondiente la encargada de aplicarla. ¿Tendría sentido que tuviésemos un precioso cuadro metido en una caja para siempre porque se iría deteriorando con el tiempo si la abrimos?, ¿de qué nos serviría? En fin, así podría seguir planteando más preguntas, pero con las apuntadas creo que son suficientes.
     Ahora bien: ¿somos todos los que tenemos prohibida la visita? Creo que no. Para empezar, los técnicos pueden ver lo que nos tienen vetado a los demás. Y no sólo éstos, las personas que ellos decidan también podrán verla: familiares, amigos, etc. Los gobernantes que apoyan esta medida, si lo desean, estoy seguro que pueden hacer una excepción. El poder y el dinero, que habitualmente van de la mano, se saltan muchas normas que la gente sencilla tiene que cumplir. Conocido es el dicho de que: “el dinero abre todas las puertas”, menos las del Cielo, como nos recuerda el propio Jesucristo. Alguna limitación tendría que tener ¡qué le vamos hacer! Resumiendo, no todo el mundo se ve afectado por esas medidas prohibitivas.
     Por otra parte, me llama la atención escuchar a muchos justificar y comprender unas disposiciones que los excluye precisamente a ellos de tener la posibilidad de visitar los lugares a los que me estoy refiriendo, con el argumento ya expuesto de que hay que conservarlos para las generaciones futuras. Y, ¿nosotros qué?, nos dedicamos a cuidar un árbol para los que vengan y, mientras tanto, no podemos ni probar sus frutos. Más altruismo imposible, y nada tengo contra el mismo. Pero una cosa es ser altruista y otra muy diferente ser tonto. Nosotros nos convertimos en los guardianes del emplazamiento que no podemos visitar, para que más tarde vengan otros y lo hagan en nuestro lugar. Si es que todavía se conserva. Perfecto.
     Voy a poner un par de ejemplos. No hace mucho, leí en la prensa que un conocido arqueólogo egipcio, ya que chupa más cámara que el más preciado actor de Hollywood, pues no hay documental o programa televisivo que trate sobre los faraones en el que no nos obsequie con su presencia, e incluso lo he visto figurar en alguna película. Por supuesto, no cuestiono su profesionalidad (posiblemente es una de las personas que más saben del Antiguo Egipto), propuso cerrar el Valle de los Reyes para el turismo de masas y hacer réplicas de las tumbas de los monarcas en una zona cercana para los visitantes, que tanto necesita la economía de ese país. Mientras tanto, aquellas personas que pudiesen pagar una fuerte cantidad de dinero y otros personajes importantes, sí podrían ver las originales. ¡Qué bien! Espero que las autoridades no le hagan caso y sigan permitiendo el acceso a las sepulturas al gran público. Además, ya mantienen algunas cerradas, como la del famoso Tutankamón (de la que ahora se dispone de una réplica cerca de la casa que ocupó Howard Cartel durante las excavaciones que realizó en este lugar), y la mejor de todas, que es la de Seti I, no se puede ver desde hace varios años. Ahora podríamos preguntarnos: ¿merece la pena viajar desde cualquier lugar del mundo para ver una réplica aquí, o en cualquier otro sitio? La respuesta; ustedes mismos.
     Hace poco pasé por Santillana del Mar, en donde se encuentran las famosas cuevas prehistóricas de Altamira, y para poder acceder a ellas tenías que participar en un sorteo que se hace todos los miércoles. Cinco personas son las afortunadas, después de enfundarse trajes especiales las pueden visitar con un guía durante un tiempo muy breve. Llevaban muchos años cerradas al público desde que un grupo de especialistas así lo consideró. Bueno, esta sería una medida intermedia entre el cerrojazo y la visita, aunque si tenemos en cuenta el número tan limitadísimo de seleccionados (muchos serán los llamados y pocos los elegidos, como nos recuerda el Nuevo Testamento), esta medida se encuentra más cerca del cerrojazo que de la apertura. Por cierto, yo no participé en el sorteo, con lo cual se redujeron bastante mis posibilidades de ser escogido. ¡Mala suerte que tiene uno!
     ¿Estoy proponiendo dejar vía libre a todo el mundo para que haga lo que le dé la gana con el patrimonio de todos? Rotundamente no. Tenemos la obligación de protegerlo, cuidarlo y mimarlo, incluso todo lo que podamos y más, para legarlo a las generaciones futuras, al igual que las generaciones anteriores nos lo han dejado a nosotros. Pero hay que buscar la fórmula para que la gente actual no quede excluida de esas riquezas, con el argumento de que tenemos que conservarlo para nuestros descendientes. Igualmente, todo se deteriora con el paso del tiempo, aunque no lo visitemos. En la actualidad hay medios técnicos e informáticos suficientes para inventariar, copiar, reproducir, o lo que haga falta, para que ese patrimonio no desaparezca si se menoscaba con el buen uso y el máximo cuidado. Esta sería mi propuesta.

P.D. Como muestra de lo dicho, recojo lo escrito en su muro Facebook un conocido mío en octubre de 2021, y uno de los comentarios que le escribieron:
“Hace 36 años, mis amigos, una pareja de veinteañeros por entonces, realizaron un viaje por Cantabria. Cuando llegaron a Altamira, la visita a la cueva estaba restringida a unas pocas visitas al año y no pudieron entrar; pero les dieron la posibilidad de solicitar la entrada de cara al futuro. Así que anotaron sus datos en un papelito y lo introdujeron en una urna.
Hace unas semanas, mi amigo, que ya ha brincado los sesenta y hasta tiene un nieto, recibió una llamada telefónica desde Altamira: ¡Enhorabuena, les ha llegado el turno! En un principio, pesó que se trataba de una broma, y a punto estuvo de colgarles el teléfono y decirles que fueran a reírse de su prima… Pero, poco a poco, conforme transcurría la conversación, se dio cuenta de que era cierto y recordó aquel papelito que rellenara tres décadas y pico atrás, como quien mete un mensaje en una botella y lo lanza al mar.
El cuento ha tenido un final feliz y, el otro día, mis amigos regresaron de su viaje exprés a Cantabria, con los ojos llenos de bisontes y sabiendo que la paciencia da sus frutos”.

Comentario aportado por una señora al texto anterior:

"En 1970 yo fui una de las privilegiadas que pude ver Altamira. Por entonces sólo tuve que esperar 15 minutos a que se formara el siguiente grupo de visita guiada. Años más tarde, con mis hijos, ya no pude entrar por la restricción de visitas…"

        
       R.R.C.

viernes, 15 de agosto de 2014

La casa de la Virgen en Éfeso

     Hoy 15 de agosto, tanto  la Iglesia católica como la ortodoxa celebran la Asunción de la Virgen. Me gustaría recordar que cerca de la antigua ciudad romana de Éfeso, en la actual Turquía, rodeada de un entorno natural maravilloso, se encuentra una pequeña construcción realizada en piedra y con tan sólo dos habitáculos, conocida como la Casa de la Virgen María, que según algunas tradiciones* la habitó desde la muerte de su hijo en la cruz en Jerusalén, hasta el momento de la suya propia, y desde allí, tuvo lugar su Asunción al Cielo (para la Iglesia ortodoxa). En la actualidad es un lugar de peregrinación tanto para católicos como para musulmanes, según nos informó la guía que nos la mostró en las dos ocasiones que la he visitado, con detalladas explicaciones.
     Juan el Evangelista fue quien recibió el encargo del propio Jesús, cuando se encontraba al pie de la cruz de cuidar de su madre la Virgen María. A ella la dejó en una pequeña vivienda en las afueras de la ciudad romana, al cuidado de algunas personas de confianza para garantizar su seguridad y evitar  agresiones, que ya desde los primeros momentos tuvieron que sufrir los cristianos. Él abandonó Éfeso y se trasladó a la cercana isla de Patmos, para poder visitarla en alguna ocasión, y fue precisamente aquí, donde escribió el Apocalipsis.
     Pero lo más sorprendente de esta historia, es como se llegó al descubrimiento de este lugar como residencia de la Virgen. Fue una monja alemana que jamás había visitado esta zona, llamada Ana Catalina Emmerick (1774-1824) que confesaba tener visiones, entre ellas, la existencia de este lugar con una construcción de plano rectangular, que presentaba una parte semicircular en uno de sus lados, cercano a un arroyo con vistas al mar y a la ciudad de Éfeso, aunque en la actualidad no tiene estas vistas. Fueron los sacerdotes Joulin y Jung del colegio francés de Esmirna, los que descubrieron a finales del  XIX los restos que había, después de leer a la mística. La pequeña estructura que encontraron era bastante posterior a la época de la Virgen, probablemente de los siglos IV al VII, y podrían corresponderse con una antigua iglesia, pero también se observaron vestigios que pertenecían al siglo I de nuestra era.
     Lo que actualmente vemos en este sitio es una reconstrucción en piedra con forma de L, llevada a cabo hace unos sesenta y cinco años. Una línea roja nos indica la parte encontrada del edificio y la parte restaurada. Ni que decir tiene, que prácticamente toda la casita está recompuesta. Además, son varios los papas que la han visitado y ha sido declarada por la Iglesia católica lugar de culto y peregrinación. No obstante, oficialmente no se ha pronunciado sobre la veracidad de la construcción.
*Otras prolongan la vida de la Virgen en Jerusalén, donde también podemos ver el lugar en el que yacieron sus restos mortales antes de la Asunción al Cielo.
     R.R.C.

Nota: Fotos del autor.        

jueves, 14 de agosto de 2014

La Gioconda

     De 63 kilos de peso, 1.68 cm de altura y 24 años de edad, Lisa Gherardini esposa del comerciante Francesco del Giocondo, nació el 15 de junio de 1479  y murió el 15 de julio de 1542 a los 63 años en un convento de Florencia, en el que ingresó 4 años después de quedar viuda. Aunque no hay pruebas, se ha escrito que el retrato pudo ser un regalo de este señor a su mujer por su segundo embarazo.
     Es el retrato femenino más famoso del Mundo, conocido por “La Gioconda”, se conserva en el Museo del Louvre en París. Es un óleo sobre tabla (de 77X53 cm)  pintado en Florencia entre 1503 y 1506 por Leonardo da Vinci en pleno Renacimiento italiano. En un primer momento fue colocado en el cuarto de baño de Francisco I de Francia, amigo personal del autor.
     A pesar de lo expuesto, hay muchas hipótesis sobre la identidad del personaje que aparece en la pintura, desde que es una mujer imaginaria, y por lo tanto no se trataría de un retrato, a que es la versión femenina del propio Leonardo travestido. Freud padre del psicoanálisis sugirió que la Gioconda reflejaba una preocupante masculinidad. De los innumerables estudios a los que ha sido sometida, se han llegado a conclusiones de todo tipo, por ejemplo, un doctor de la Universidad Complutense de Madrid, afirma que la modelo tenía bruxismo (rechinar de dientes), alopecia y principios de Parkinson. Un software especializado en medición de emociones reveló que Mona Lisa está en un 83% feliz, un 9% disgustada, un 6% temerosa y un 2% enfadada.
     Centrándonos en el cuadro, las manos sobre el vientre han hecho pensar que se encontraba embarazada, otros investigadores como el profesor de la Universidad de Londres Donald Sassoon no lo cree así. El velo de gasa fina y transparente enganchado al cuello de la blusa, era una prenda típica de las mujeres en dicho estado, también lleva un bonete que apenas se aprecia. Aparece sentada en un sillón frente a una galería de arquillos y columnillas. Si nos fijamos bien en su rostro pronto observamos que carece de cejas y pestañas, no obstante, Vasari, célebre personaje italiano del siglo XVI, dice que tenía cejas, pero las pudo perder en una restauración posterior; a este respecto, si tenemos en cuenta el reciente descubrimiento de que, la copia de la Gioconda que se conservaba en los fondos del Museo de Prado, se realizó a la misma vez y en el mismo estudio que la original, por un discípulo de Leonardo y ésta si tiene cejas, podemos suponer que Vasari tenía razón. La luz destaca las manos y el rostro y acentúa las calidades táctiles de las telas, mientras que el paisaje serpenteante y acuoso aleja la mirada del espectador creando un gran sentido de la profundidad (perspectiva aérea, que es uno de los grandes logros del Renacimiento). El fondo pueden ser los Alpes vistos desde las proximidades de Milán.
     En adelante seguiré las opiniones  que Ernst Gombrich, uno de los más destacados historiadores del arte expone en una de sus obras más representativas. Lo que primero nos sorprende es que Mona Lisa parece vivir. Parece que nos observa y piensa por ella misma, da la sensación que cambia cada vez que nos volvemos a mirarla. Unas veces parece reírse de nosotros, otras, nos sugiere cierta amargura en su sonrisa, (para Donald Sassoon está claro que sonríe, pero no sabemos de qué). El autor pensó como conseguir este aire de misterio que envuelve todo el cuadro y qué medios emplear. Para lo cual, el pintor debía de dejar al espectador algo que adivinar. Si los contornos no estaban claramente delimitados, si las formas se dejaban con cierta vaguedad desapareciendo en la penumbra, los colores suavizados, unas sombras se funden con otras... Todo ello deja libre nuestra imaginación.
      Cualquier pintor sabe que a la hora de dibujar un rostro, lo que llamamos expresión, radica sobre todo en las comisuras de los labios y en las puntas de los ojos, justo lo que Leonardo deja en lo incierto. Además, si nos fijamos  bien en el espléndido paisaje que aparece en el fondo del cuadro, los dos lados no coinciden entre sí. La parte izquierda se encuentra más alta que la derecha. Si miramos sobre el lado izquierdo, Mona Lisa nos parece más erguida que si tomamos como referencia el otro lado. Su rostro no es ajeno a este cambio de posición, que dicho sea de paso, las dos partes de su cara no se corresponden con exactitud. Todos estos recursos, magistralmente empleados, contribuyen al aire de misterio de ésta y otras obras del autor.

      R.R.C.    

jueves, 7 de agosto de 2014

CARTUCHOS JEROGLÍFICOS EGIPCIOS

      En esta ocasión trato de juntar en un único apartado escritos anteriores y añadir algunas cuestiones nuevas: 

El marcado como nº 1 es el cartucho que recoge el nombre de nacimiento de Tutankamón. En la parte central aparece un polluelo de codorniz entre dos pequeños semicírculos que fonéticamente se leen como una “t”, mientras que el ave suena como una “u”, luego leeríamos “tut” que podríamos traducir como: símbolo. En la parte inferior nos encontramos con tres signos: el primero de ellos representa tres sonidos, por lo tanto, trilítero, me refiero a la famosa cruz ansada egipcia que suena “anj” y hace alusión a la vida, acompañada en este caso por los signos unilíteros de la línea quebrada que suena como “n” y el que debería ser un círculo con bandas horizontales equivalente a nuestra “j”. Es evidente que ambos actúan como redundancia de la cruz egipcia, así pues, los tres juntos los leemos: “anj”. En la parte superior vemos el junco en flor: i; el ya explicado semicírculo y línea quebrada, que leeríamos como: iten, es decir, Atón. Además, del disco solar vuelve a incidir en ello, o sea, Atón. En definitiva, en jeroglífico se transcribe como: Tutanjatón, que podríamos traducir como “El símbolo vivo de Atón”.

     Es necesario tener en cuenta, que este fue el primer nombre de cuna de este faraón, ya que cuando nació estaba institucionalizado en Egipto el dios Atón (el culto al Sol), por su padre Akenatón, pero al morir, se vuelve al antiguo politeísmo oficial que tanto beneficiaba y añoraba el poderoso clero de tebano. El culto al único dios Atón, sería sustituido por el culto a Amón y demás dioses. No obstante, como vemos en objetos de su tumba, se mantuvo este primer cartucho, pero pronto fue sustituido por otro que, como diríamos ahora, fuera más políticamente correcto: Tutankatón se convirtió Tutankamón, como veremos a continuación.

El marcado como nº 2 es el cartucho que recoge el Nombre de Trono de Tutankamón, en el cual, destaca el escarabajo típico egipcio que podemos traducir como “manifestación”, heper en jeroglífico. Debajo de él aparecen tres pequeños trazos que indican que el término anterior hay que leerlo en plural. A continuación, vemos una especie de cuenco o cesta que traducimos como: señor, neb en su idioma. Y en la parte superior, el disco solar que asociaban al dios Ra. Por lo tanto, la traducción es: “El señor de las manifestaciones es Ra”. En el egipcio medio clásico el artículo no se utiliza. En este idioma, dependiendo del contexto, hay que presuponer palabras en muchas ocasiones para dotarlo de sentido. Por ejemplo, el verbo ser no aparece, pero ateniéndonos al entorno hay que incluirlo en la traducción.       
Los marcados como nº 3 y 4 me parece interesante fijarnos en el bonito cartucho real que lleva el nombre de la esposa preferida de Ramsés II que aparece dibujado en las paredes de su tumba. Sobre su frente, y a la altura de las dos plumas largas que la propia Nefertari porta sobre su cabeza, con el disco solar incluido en la base de las mismas, podemos observar los siguientes signos: en primer lugar y en la parte superior un buitre, que podemos identificar con la diosa Mut “La Madre”, que en jeroglífico se la representa con un buitre que se transcribe -Mwt- seguido de una semiesfera  -t- (que en este caso actúa como redundante). La diosa aparece en primer lugar, por respeto, aunque luego se lea la última. Debajo y de izquierda a derecha vemos una especie de instrumento musical, aunque en realidad es una tráquea, que es un signo trilítero y se lee – NeFeR- (la letra e minúscula se añade por convención, para poder leer tres consonantes juntas), seguida de una caña en flor que podemos transcribir como i latina. A continuación aparecen tres signos que habría que leer de arriba abajo: un semicírculo  -t- , una especie de boca medio abierta  -r- y  dos trazos verticales que vendrían a ser una i larga  -ii- , o -y-. En la parte inferior del cartucho observamos una línea quebrada que se transcribe como - n - (se pronunciaría en), una especie de rectángulo -mr- (1) y por último, otro semicírculo, que ya sabemos que se transcribe como - t - e indica el género femenino, que la inscripción se refiere a una mujer. Juntando todo lo anterior podría quedar como sigue: Nefritry Mwt n mr t. Traducido al castellano: “La bellísima amada de Mut”, o bien “Nefertari amada de (en) Mut.
      En otros cartuchos, como podemos observar en la otra imagen, en lugar de ese rectángulo que se transcribe como  -mr- aparece un signo con forma de azada o arado, que tiene el mismo significado: amar y se transcribe igual.
El marcado como nº 5 podemos leer el nombre de Senebkay, precedido por el disco solar (Ra) y la figura del famoso pato egipcio (que se lee sa) y se traduce como hijo. Luego el faraón, es el hijo de Ra (el Sol). Seneb, significa saludable en español y el Ka para los egipcios, era el espíritu. Los dos juncos en flor que aparecen al final (se leen como y), los  podríamos interpretar como él de… Si unimos todo lo anterior, concluimos que el nombre de Senebkay  significa: “El de espíritu saludable” el Hijo de Ra.
El marcado como nº 6 El nombre de trono (Nesut Bity) de este faraón, ahí va: Aajeperra setepenamon, que se podría traducir como: Grande es la manifestación de Ra, elegido de Amón. Más conocido por su nombre griego Psusennes I. En el cartucho real que se inscribe el verbo ser no aparece, o sea, ateniéndonos al contexto hay que incluirlo en la traducción. Advertimos el disco solar (Ra); seguido de un signo que representa una columna (aa), que en este caso debemos descifrar como grande; el famoso escarabajo egipcio (jeper) que significa: manifestación; después observamos la divinidad con dos plumas altas, cetro y barba (Amón) y una línea quebrada (n) que actúa como genitivo indirecto e interpretamos como de; y termina con la representación de una azuela con taco de madera (setepe), abreviatura de: elegido. Para concluir, tan solo señalar que el término faraón procede del griego, por lo tanto, no es así como llamaban a sus reyes en Egipto. En jeroglífico, se escribía con un rectángulo abierto por la parte inferior que podríamos transcribir como per; más el signo que representaba una columna: aa, es decir, la palabra faraón en jeroglífico sería: Per-aa.
El marcado como nº 7 Debemos empezar a leer por esa gran figura central que consiste en un pato volando con cola larga. Aunque en otras ocasiones hace referencia a volar, cuando tiene un valor figurativo, en este caso se emplea como artículo definido y lo podríamos traducir por: la y sonaría Pa. En este caso, la estrella de cinco puntas que aparece a su izquierda sí tiene un valor figurativo y representa al mismo astro con sonido seba. El pequeño montículo con Sol naciente significa aparece y suena ja. La línea quebrada inferior la podríamos pronunciar y traducir por en. El círculo con la equis en su interior significa ciudad y suena niut. A la derecha y en la parte superior del cartucho, nos encontramos con el nombre de la divinidad Amón, representado por el junco en flor (que recuerda una pluma), el tablero con siete fichas y la línea quebrada, obtendríamos el sonido imen. Por último, la azada inferior es el verbo amar, que leeríamos mer y traducimos por: amado. Luego, ya tenemos concluido, tanto su pronunciación jeroglífica: Pasebajaenniut merimen ¡vaya con el nombrecito! Como su traducción al español: “La estrella que aparece en la ciudad, amado de Amón”. Este sería el nombre de cuna del soberano, conocido como Sa Ra. Además, contaba con otros cuatro nombres, entre ellos el Nombre de Horus (no lo hemos tratado aquí), que hace alusión a la ciudad egipcia de Tebas y que en jeroglífico se pronuncia: Uaset. En consecuencia, podemos suponer que la ciudad a la que se refiere su nombre de cuna es a la capital del Alto Egipto y que hoy día se conoce como Luxor. Ah, se me olvidaba, su nombre griego por el que se conoce a este faraón, ya mencionado, es Psusennes I, o el faraón de plata, por preferir este material en la elaboración de su sarcófago.
Los marcados como nº 8 y 9 su Nombre de Trono (Nesut Bity) lo vemos en el jeroglífico vertical de la izquierda: Rey del Alto -junco- y Bajo Egipto -abeja- y traducido como: "El señor de las manifestaciones es Ra", ya aclarado cuando abordé el segundo cartucho. Luego el faraón era el Rey del Alto y Bajo Egipto, según nos indican los signos superiores que acompañan al cartucho.
      Tutankamón (Hijo -pato- de Ra -círculo- “El símbolo vivo de Amón, gobernante de Heliópolis del Sur”, es decir, la antigua Tebas, tal y como aparece en el cartucho de la derecha). El signo que recuerda al báculo de los obispos se lee “Heqa” y se traduce por gobernar, mientras que los dos que le siguen hacen referencia a la ciudad mencionada: el signo con forma de pilar se lee “iunus”, y es así como llamaban a la ciudad de Heliópolis en el Bajo Egipto, pero como aparece seguida del junco del desierto que hace referencia al Alto Egipto y suena “hema”, juntando los tres signos se pronunciarían en jeroglífico: “Heqaiunushema” , que traducido sería: gobernante de Heliópolis del Sur, localidad próxima a la ciudad de Tebas y por extensión, a ella misma. La parte intermedia del cartucho ya está explicada en el primero que he comentado. En cuanto a la parte superior, aparece el junco en flor (i), un tablero con fichas, que es un signo bilítero y se transcribe “mn” y la línea quebrada que es redundante “n”. Se lee “imen” y se traduce por: Amón. Éste era, lo que podríamos llamar, su Nombre de Nacimiento (Sa Ra).
El marcado como nº 10 es otro bonito cartucho que contiene el nombre de un faraón. En lo alto del mismo aparece el disco solar en referencia al dios RA, con el borde de oro y con una cornalina redonda incrustada. A continuación muestra un signo jeroglífico bilítero, o sea, que equivale a dos sonidos: JA, y consiste en el disco solar asomando tras una colina. En este caso se podría traducir como: “aparece”. Cornalina y turquesa principalmente ocupan el espacio interior que deja el bisel de oro. Por último, nos encontramos con el famoso escarabajo pelotero egipcio, con su precisa silueta áurea y colmada con una magnífica pieza de lapislázuli elaborada al efecto. Como signo trilítero sonaría JePeR (JPR, introducimos la vocal e para su pronunciación) y se traduce por: “manifestación”. Luego, el cartucho en su conjunto lo leeríamos: Jajeperra (aunque el nombre del dios aparece en primer lugar, por respeto, por ser una divinidad, se lee el último). “Aparece la manifestación de Ra” sería su traducción al español y el nombre griego por el que se le conoce a este faraón es: Sesostris II.
El marcado con el nº 11 es el Nombre de Trono, ya explicado anteriormente, o Nesut Bitty del faraón más conocido como Sesostris I. En la parte inferior vemos dos brazos alzados que los egipcios identificaban con el “Ka”, es decir, el alma, o el espíritu, que diríamos nosotros. En el centro, el famoso e inconfundible Scarabaeus sacer, que ya sabemos cómo se lee y qué significa. Y en la parte superior el disco solar que llamamos “Ra”. Luego su nombre en jeroglífico sería: Jeperkara y traducido: “El espíritu de Ra se manifiesta”.
El marcado con el nº 12 es el Nombre de trono de Tutmosis II. En la base tenemos la conocida línea quebrada que suena como: “n” y que actúa como un genitivo indirecto,  por lo tanto, lo interpretamos como una preposición (de), y el ya consabido escarabajo. Una columna horizontal que pronunciamos como: “aa” y en este caso significa grande. Por último, el disco solar: Re, o Ra. En jeroglífico se escribe: Aajeperenra, y traducido: “La manifestación de Ra es grande”.
     Para acabar, una cuestión importante. Los soberanos egipcios, dependiendo de la época en que reinaban, recibían hasta cinco nombres, los más usados eran los mencionados más arriba: el Sa Ra (nombre que le ponían al nacer) y el Nesut Bity (el nombre con el que alcanzaba el trono), pero además, recibían los siguientes: el nombre de Horus, el nombre de Horus de oro y el Nebty, o “Las dos Damas” que representaban un buitre y una cobra, símbolos del Alto y Bajo Egipto. 
NOTA I: Para no repetirme demasiado y cansar al posible lector, evito plantear algunas cuestiones y, por supuesto, mencionar excesivos detalles. Para un conocimiento mayor, aconsejo echar mano de manuales que tratan esta lengua y que hay en el mercado. Yo he tenido siempre dispuesta la GRAMÁTICA EGIPCIA de F.J. Martín Valentín y algún otro experto en este tema.
NOTA II: Selección y composición de imágenes del autor.
NOTA III: SI LO DESEAS PUEDES ESCRIBIR TU NOMBRE CON CARACTERES JEROGLÍFICOS EN UN CARTUCHO Pincha aquí

      R.R.C.