martes, 4 de septiembre de 2012

La Última Cena de leonardo Da Vinci


      Pintada entre 1495 y 1497  en el refectorio del convento de Santa María delle Grazie de Milán. Es un temple sobre pared de 460 X 880 cm. En esta obra se encuentran los aspectos fundamentales de la pintura de Leonardo: la sensibilidad del artista y el rigor del sabio, la fuerza de los sentimientos y el orden de la razón. El observador participa en la escena como si fuera un convidado que acaba de levantarse de la mesa y escucha, estupefacto, las palabras de Cristo "Uno de vosotros me traicionará". Este es el momento de la cena de mayor tensión psicológica, donde salen a relucir los sentimientos de los allí convocados y evidentemente, el preferido por el maestro a la hora de elaborar tan vasta obra.

      La originalidad consiste en que la perspectiva real de la sala continúa en la perspectiva de la escena pintada sobre la pared. Hay que advertir, que la pintura se encuentra en la pared del fondo del refectorio de un convento, que a su vez, representa otro refectorio, por lo tanto el primero sería real, mientras el representado en la pintura sería imaginario. La mesa de la cena se encontraría, por lo tanto, en medio del refectorio total, es decir, del real y del imaginario. Como las mesas de los monjes que allí cenaban todas las noches se encontraban a continuación de la de Cristo en el refectorio real, los sentimientos y emociones que deberían experimentar estos monjes al tener como compañeros de mesa a los apóstoles y a su Señor, serían indescriptibles. Todas las figuras convergen en un único punto de fuga central, la cabeza de Jesucristo y más concretamente en su nariz, como centro de su rostro. Este personaje destaca además por su aislamiento, resaltado por el contraste con el fondo y por su disposición piramidal que le confiere una especial dignidad. Leonardo rompe la rigidez de la disposición simétrica de las Cenas toscanas del siglo XV eligiendo el instante más dramático, en el que se anuncia la futura traición, y representando a sus personajes con gestos desordenados y expresiones de angustia.

      La composición se halla en el interior de dos cuadros que componen el rectángulo de la pared: sitúa a los doce apóstoles en sus diagonales en cuatro grupos de tres; dos grupos a la derecha y dos grupos a la izquierda de la figura central, Jesucristo, un perfecto triángulo equilátero, con la misma cantidad de vestimenta azul y roja, simbolizando su parte divina y humana a la vez.

      En el primer grupo, a la izquierda, Bartolomé, Santiago el Menor y Andrés, que hablan entre ellos; en el segundo, Pedro se inclina hacia Cristo, que sin advertirlo, por lo impulsivo que era, desplaza la figura de Judas hacia delante, aferrado a la bolsa de las monedas, mientras que Juan se interroga desesperado; en el tercer grupo, a la derecha, Tomás levanta el dedo, al lado de Santiago el Mayor y de Felipe; en el cuarto, finalmente, Mateo y Simón se dirigen gesticulando con las manos a Tadeo, que está en un extremo de la mesa. Los cuatro grupos de apóstoles son composiciones piramidales y podemos observar que existe una relación entre los miembros de cada grupo, excepto Judas, que a pesar de formar parte de un grupo de tres se queda al margen de los otros dos apóstoles, está sólo, como no podía ser de otra manera, por la acción que estaba a punto de realizar, además, es el único que no tiene dudas, que no pregunta, sobre las palabras que acaba de pronunciar El Maestro.

      La luz proviene de la izquierda, donde se halla la única serie de ventanas que ilumina el refectorio. Esta luz tenue irradia sobre las figuras dotándolas de volumen. Sus contornos pierden precisión y empiezan a fundirse gracias a las sombras que los envuelven. Además, la apertura de tres ventanas al fondo de la habitación prolonga la mirada y nos introduce en una nueva perspectiva aérea.

      La Cena no fue pintada como un fresco (es decir, extendiendo el color sobre una capa de mortero fresco de manera que al secarse impregne la pared) sino al temple (pintura al agua a la que se añade un aglutinante) sobre una capa seca, ya que a Leonardo le gustaba volver repetidas veces sobre su trabajo, para poder efectuar retoques. Esta elección del pintor, resultó fatal para su estado de conservación, que pronto empezó a deteriorarse, él mismo lo pudo comprobar y a nosotros ha llegado en un lamentable estado de conservación y a pesar de los esfuerzos y cuidados, no se ha podido recuperar como otras pinturas de aquella época. Para colmo, se abrió una puerta en el mismo muro donde se encuentra, afectó a la obra y aunque posteriormente se quitó, ahí queda el resultado.

      Hoy, la restauración de la Cena ha hecho resaltar los colores originales que, con el tiempo, la alteración del material y el humo, habían oscurecido y hecho opacos. Son colores claros y transparentes.
      R.R.C.