viernes, 28 de septiembre de 2012

El Apoxiomeno

       Una de las copias más importantes se encuentra en el Museo del  Vaticano. Representa a un joven atleta, en el momento ordinario de quitarse con el estrígilo, un rascador de metal, el polvo y aceite que cubre su cuerpo. Fue realizado en bronce en  el 330  a. de J. C. (aunque la copia que se conserva en el Vaticano es en mármol) por el escultor griego Lisipo,  considerado el continuador de Policleto. Extraordinariamente fecundo, se asegura que hizo no menos de mil quinientas obras, trabaja en bronce y es un gran innovador, al realizar sus esculturas con varios puntos de vista importantes, por lo que el frontalismo se desvirtúa bastante.  Como maestros reconocía únicamente al Doríforo y a la Naturaleza.
        De esbeltas proporciones (mide unos 2'05 m.), presenta un canon de ocho cabezas y cuerpo flexible. La posición es poco estable: el cuerpo parece oscilar sobre las piernas, y la pierna derecha, un poco retrasada y dirigida a un lado, no se hinca en el suelo con la misma firmeza que en el Doríforo. El brazo derecho se extiende hacia el espectador que mira de frente la estatua, con un escorzo inconcebible dentro de lo clásico, porque rompe algo que la estatuaria tradicional se esforzaba en mantener a cualquier precio: el efecto relieve. Por otra parte, está en una actitud poco heroica, ya no es el típico atleta triunfador de unos juegos, su rostro refleja cansancio, incluso su pose. La escultura helenística que viene a continuación, escoge momentos duros y dramáticos de atletas, hasta el punto de preferir representar al perdedor, como podemos ver en la estatua del “Galo moribundo”.
        El brazo izquierdo corta el derecho en ángulo recto y se interpone entre el espectador y el plano principal de la estatua. Estas novedades llevan implícitos los ideales de Lisipo: el tipo esbelto, la clara impresión de profundidad y de movimiento, a todo lo cual hay que añadir la variedad de puntos de vista, es decir, la posibilidad de dar la vuelta a la estatua y encontrar siempre en ella aspectos interesantes, incluso en la espalda, cuya musculatura ofrece, bien estudiado del natural, el reflejo del movimiento de los brazos y de la oscilación del tronco.
          R.R.C.