domingo, 23 de septiembre de 2012

La Bacanal de Tiziano (Museo del Prado)

             Es un óleo sobre lienzo de 175x193 cm, una obra de juventud realizada hacia 1523, forma junto a Ofrenda a Venus, del Museo del Prado, y Baco y Ariadna, de la Galería Nacional de Londres, la serie pintada para el duque de Ferrara por Tiziano. Se representa aquí un tema mitológico, una bacanal, fiesta del dios del vino, se enmarca en la isla de Ándros en el mar Egeo, dotada de un arroyo donde precisamente se vertía esta bebida. En esta obra, Ariadna, al despertarse, descubre que ha sido abandonada por Teseo, al que se ve alejarse en un velero. La alegre llegada del cortejo de sátiros  de Dionisos, bajo un cielo tumultuoso que anuncia tormenta, típico de los pintores de la escuela veneciana del siglo XVI, a la que pertenece el autor del cuadro, precede al enamoramiento que experimentará el dios del vino de Ariadna, reflejado en otro cuadro de Tiziano, “Baco y Ariadna”. El tema recoge, pues, la tradición clásica de las fiestas dionisíacas y constituye un canto a los placeres de la vida.
            En el centro dos muchachas se embriagan después de haber acompañado con sus flautas una melodía cuyo texto aparece en un pequeño escrito: «Quien bebe y no vuelve a beber, no sabe lo que es beber». A su derecha, el desnudo de Ariadna despertándose está inspirado en la Venus dormida de Giorgione. Les rodea el bullicio de los bacantes que beben y cantan alegremente. Al fondo podemos ver a Sileno dormido sobre un lecho natural, el más viejo, sátiro y borracho de los seguidores de Dionisos, una especie de dios menor de la embriaguez. El protagonismo de los cuerpos en la escena denota, probablemente, la influencia de Miguel Ángel, pero aquí las figuras tienen una movilidad más moderada, lo que favorece un dinámico equilibrio entre las formas.
            En el aspecto cromático, Tiziano llega a cumbres que sólo van a superar los impresionistas del XIX con su concepto científico de los colores. Mezcla sabiamente los colores cálidos (rojo, naranja y amarillo) con los fríos (verde, azul y violeta), de tal manera que la sensación de intensidad y vitalidad que proporcionan los primeros, se contrarresta con la laxitud de los segundos. El cuadro presenta una composición ascendente en diagonal, desde la esquina inferior izquierda, hasta el anciano que se encuentra durmiendo en la parte superior de la derecha.
      R.R.C.